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viernes, 16 de enero de 2015

CUERVO NEGRO.


En las últimas dos semanas no he tenido tiempo para escribir. Me va a perdonar, pero no creo que llegue a tiempo para entregar mi artículo. —dije muy apenado.

—Si quisiera podría dedicarse solo a escribir. 

—Eso me dijo, doc. ¿Tú crees que lo que escribo vale? 

—Cosas peores he leído yo por ahí. Igual te conviene arrimarte a ese tío ¿Es escritor?

—Y yo que sé. No lo conozco de nada. A mí se me presentó como uno de los editores de esa revista con la que suelo colaborar.

—¿La  revista Euphoria?

—No, él es de la Jazzman. La verdad es que el tipo tiene un rollito fúnebre que te cagas. Alto, con el pelo largo. Lo llevaba atado con una cinta de terciopelo. Y lo más curioso: llevaba botas de montar.

Bueno, usted asumió un compromiso con la revista, así que  tiene que enviarme el artículo. 

Eso me dijo, Doc. Y yo le dije que era gracias a mi sueldo de publicista que podía pagar la carrera de Rob, que lo de escribir era un entretenimiento y punto.

Tiene madera de ilustrador, su hijo Rob. —me dijo.

¿Conoce a mi hijo? —le pregunté extrañado.


Siempre tengo compañía en el patio  cuando salgo a fumar, pero ayer estaba solo.¿Conoces a Lucky, doc? El tío que le tocó dos veces el cupón de la ONCE


¿El pirado informático?

—El mismo. Resulta que él fuma mi misma marca de cigarrillos, pero le cuesta rascarse el bolsillo y siempre me gorronea. Lucky no fue ayer a trabajar porque la gripe lo tiene cautivo en cama, de modo que mi compañero de patio resultó ser aquel hombre. Yo estaba donde los rosales cuando apareció  por sorpresa,  y parecía conocer a Rob. Extraño, porque conozco a todos los colegas de mi hijo menos a ese. 

—Entonces se trata de su hijo. —quiso saber.

—¿Y quién se va a preocupar del chico si no es su padre? No tengo tiempo par escribir chorradas.

—Su hijo es un ilustrador muy talentoso.

Lo es, pero  no quiero que Rob sea ilustrador, sería una pena tirar por la borda su inteligencia. Si le soy sincero preferiría que fuera científico.


Madison. 


—Así me llamo, aunque usted aún no me ha dicho su nombre.


Y no me lo dijo. El tío siguió allí clavado hablando como un papagayo

—Yo podría ser su mentor, soy editor.

  Y entonces me miró fijamente y y yo sentí como sus ojos urgaban en mi conciencia, deseoso de encontrar el tipo de secretos que uno siempre intenta esconder de la gente. La charla fue bien hasta que aquel tipo se irguió y y de la espalda le brotaron un par de alas, como las de un  cuervo.

―¿Un cuervo? De verdad de la buena, Madison ¿era un pitillo de María lo que te estabas fumando?

—No digas gilipolleces, doc. La María no provoca alucinaciones.

—Entonces de qué estamos hablando: ¿de un cuervo, de un hombre cuervo, o del espiritu de un cuervo que intenta, supuestamente, usarte como huésped?

―Y yo que coño sé. La vida esta llena de mamonadas extrañas, tú que eres psiquiatra deberías saberlo. Intento contarte, de colega a colega y no de paciente a psiquiatra, cómo aquel tipo se lanzó, luego del numerito de las alas, a revolotear en derredor mío como un tornado. Lo siguiente sí que no te lo vas a creer, doc

—Cosas peores se han oído en esta consulta.

—Se me metió dentro.

—¿Qué quieres decir con dentro, Madison?

—Pues eso, que se me metió dentro del pecho.

—¿Una posesión, en plan la niña del exorsista? 




—Ya esta bien de pregunticas, doc. Lo que yo necesito son respuestas. 

—Pues entonces te has equivocado de colega, porque no soy, como tú bien sabes, ni metafísico ni exorsista. 

—¿Crees que voy por ahí contándole a la peña toda esta movida paranormal, doc? Lo que ese tipo me hizo me dolió mucho teniendo en cuenta que se trata de un hombre que me saca un par de cabezas. Su inquietud por entre las costillas me oprimía la columna y los pulmones. Entonces fue cuando gritó desde dentro de mí: muévase. Y no me quedó mas remedio que pasar del dolor y echarme a andar. Mi jefe me había dejado un aviso para que fuera a verle urgente. Así que subí pitando a su despacho.

—¿Quería verme, jefe?

El jefe no tenía buena pinta, quizás Lucky le había dejado su gripe como regalo.

—Estás despedido. Recoge tus trastos y lárgate.

Me lo soltó así, doc, sin adornos y a lo bestia. Te juro que aquello me sonó como en ese concurso televisivo.

—Recoge tus cuchillos y vete, John. Es lo que le dicen a esos chicos en el reality televisivo Top chef.

—Que tuviera un cuervo, o el espíritu de un cuervo, moviéndose por mis entrañas, dejó de preocuparme. Un hombre sin empleo se convierte en un marginado.

—Sé que lo de fumar en el baño de señoras no estuvo bien, jefe —me excusé— pero hacía mucho frío para salir fuera. Tampoco lo de tirarme a su secretaria. Por esos días andaba yo batallando con el mono del vicio. Intentaba dejarlo. Entonces fue cuando su secretaria, Lupe, entró en la oficina a pedirme un cigarro. Luego me preguntó si yo tenía fuego y yo le dije: en las pestañas guapa. En fin, una cosa llevó a la otra...

—Mas bien los llevó a ustedes dos a desfogarse sobre mi fotocopiadora, Madison.

— Estoy tan en el vicio, jefe, que por las noches veo camellitos danzando en mis sueños y no me refiero a  los camellos que traen y llevan ese polen del viento del que hablan los Violadores del verso.

—¿Los violadores?

—Es un grupo de rap.

—Oye, bajate de esa nube y vuelve aquí a la realidad, y tú ya sabes como sigue la letra de ese bolero por que tu madre es cubana. No te estoy despidiendo por lo de Lupe.

—¿Ah no?

—Pues no. Aquí estamos para lo que estamos y no para perder el tiempo escribiendo artículos sobre ese trompetista.

—Miles, jefe, Miles Davis.

—Tu única función es la de publicista, así que ve quitándote el cartelito de escritor, que esa etiqueta a ti te queda grande.

—Me da a mí que con esa canción no lleva buen camino, jefe.

Y aquello se lo dije porque el cuervo comenzaba a revolverse dentro de mí, doc. Temí por mi jefe y por su escritorio de caoba comprado hacía poco en una subasta. Qué tal si el cuervo me pedía guerra y el pecho se me  reventaba allí mismo en pedazos, doc. Iba a quedar todo hecho un asco, incluida la alfombra.

—¿Por qué me ha dicho lo de la etiqueta? —pregunté al mala persona de mi jefe.

—Porque, sencillamente, tú no tienes carrera ni huevos. 

Entonces fue cuando lo ví todo negro al sentir al cuervo sacudirse en mi fondo.

—Le sugiero que me pida perdón. 

—¿Y por qué habría de hacerlo?

—Porque es peligroso, llevo a un cuervo alojado en mí. —Sabía que mi jefe no iba a creerme, doc, pero igual se lo manifesté—. Me ha poseído cuando salí a fumar al patio —le advertí—. Así que no siga tocándome las pelotas de ese modo.

—En todo caso despidiéndote de este modo. —concluyó mi jefe.

—Y tal y como el cuervo entró en mí, se abrió paso en mi pecho haciéndose presente entre graznidos y batiendo las alas. Y de repente, se abalanzó sobre mi jefe sentado en su sillón con los ojos de sijú y la boca redonda,  como si intentara decir la "o" pero sin emitir  sonido. El cuervo le seccionó la yugular a picotazos.

—Madison ¿te estás tomando la medicación?

—Por supuesto que sí, doc. No son alucinaciones.

—Pues, yo creo que sí.

—Lo juro por mi Rob. 

―No jures por Rob.

Pues te lo juro.

—¿Cómo lo de Jesús? No pensarás que me lo creí, porque estabas más borracho que mi abuelo en las fiestas mayores de su pueblo.

—Y lo reafirmo, doc, hacía una ventolera terrible dentro del cuarto la noche en la que Jesús se me apareció. Me preguntó si verdaderamente creía en él y yo dije: sí.

¿Cuànto hace que nos conocemos?

—Desde que  Rob nació. Sabes que no juraría por él en vano.

―Naturalmente que no ¿Por qué no nos tomamos un traguito? A mí me ayuda a pensar.

—Hoy no me apetece beber, doc. Estoy acojonado. 












15 comentarios:

  1. Me ha gustado. De hecho... dejo muestra de ello siguiendo el blog.
    Besos

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    1. Es un honor que me sigas Silvia Mientras Leo. Gracias por llegar.
      Abrazos.

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  2. Como siempre en tu linea. Touche! Espléndido.
    Millón de besos, Jonh.

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    1. Ultimamente tengo muy poco tiempo para los relatos, gracias, dejate caer con un cuento. Mil gracias, siempre estás.
      Besos

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  3. Bienvenida Alis tu misma yo, gracias por comentar. Un saludo.

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  4. No soy nada original ya que voy a reiterar lo que han dicho otros. Me ha gustado.
    Pura vanguardia en las venas. Por momentos me recuerdas a Boris Vian.
    Un saludo

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    1. Gracias por llegar Vivancos, lo de la vanguardia aún esta por ver, gracias de igual modo. Un placer servidos con mis historias.
      Abrazos y agradecimientos.

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  5. ja ja ja me gusto, original, caótico, personal, psicodelico. ;)

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    1. Una alegría volver a tenerte comentando en el blog Noque, nos leemos compañero. Gracias por los munutis de lectura.
      Abrazos.

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  6. Locura, simple locura (eso sí, plagada de realidad), gracias John, saludos

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    1. Bienvenido Mirson Alejandro. Gracias por la lectura y por el comentario, la vida en si misma ya es una autentica locura.
      Abrazos

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  7. Transilium y trago. He ahí el secreto de un coktail discreto y mago, que hace parir los relatos. Deja de ver todo negro, emborracha de plano, al cuervo que se alza, cuando nada calza en su sitio y andas de mala racha.
    Y entre tantos alegatos, no hagas caso, no te bajes de la nube y sigue escuchando los boleros, llenando los ceniceros de cigarrillos letales, pero, siéntete lo que eres... Un escritor de pura cepa y exagerando un poco (sólo un poco) El mejor de los mortales.
    Si la metralla, falla, usa la flecha..., Pero por favor... Al jefe y al Psiquiatra y al mismísimo cuervo, calla!

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  8. Todo tiene ese tinte añejo, pareciera salido del sospechoso de una novela policíaca de finales de los treinta, realmente talentoso, ha sido un placer leerte.

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  9. Emoção é o que sente ao ler-te do princípio ao fim, concordo que existe essa loucura em nós que escrevemos quase compulsivamente, sempre na esperança de alcançarmos o nosso melhor, e se amamos a escrita somos escritores...porque não? Grata amigo por partilhares comigo. Continuação de boa semana. Meu abraço

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