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viernes, 6 de marzo de 2015

DIOS EN TU CONTINENTE.

















Soy el portador del virus del amor,
estoy en tus manos.

Soy el huésped enfermo en cuarentena que pernocta en tus ojos salvajes.

La enfermedad revolotea en mi estómago
entre la quinta y cuarta vértebra.

Mi marcapasos de medio siglo se ha detenido,
mudo ante la llegada de tus pasos y de los míos hacia tus adentros.

Los engranajes de la maquinaria de mi estructura encajan,
giran de nuevo alrededor de ti
y moribundo
pido a los pies de tu cama voluntades,
musito oraciones y salmos.

Cabalgas libre,
vibras en los acordes de mi oscuridad y Dios habla por mi boca.

A través de mis manos en tu cintura
Dios detiene el mundo y revela
en un instante
el buen antídoto,
el santo y seña
para sobrevivir la noche
del parto de la vida en tu maduro continente.