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lunes, 15 de junio de 2015

Ceguera.













Tú nunca podrás darme
lo que yo necesito
porque lo que yo busco,
el amor,
no está en tu corazón,
te digo antes de huir
y antes de delinquir ante mí mismo,
odiándote.

Tu juventud prepotente y orgullosa
me contempla alzada desde la platea.

Tu falsa juventud de fuego y hielo
trenzada delicadamente a tu rostro,

a esos ojos de misterio y estrella
que han desafiado más noches
que los míos al tiempo.

Tu juventud aparente de metralla y puñal
invocando a viva voz
mi nombre ante la muerte

me mata
y me destroza.





Agradecimientos a los poetas del foro madre "Ultraversal" por su estrecha colaboración y guía en la edición del poema.

A "Ultraversal", mi Shangri-lá.

Abrazos.

lunes, 1 de junio de 2015

Los navegantes ciegos.


















Me alcanzarás siempre.

Resurgirás del cristal de las sombras luciendo el chal del olvido
como contrapartida a mi conjuro.

Atravesarás la lectura del recuerdo de nuestra despedida en un ardid barato,
pues nuestro destino no impone despedidas,
solo reencuentros en el tiempo.

Me alcanzarás
en el siguiente salto de línea.

La rueda cobrará el sentido giratorio.
Guardaremos fila y asumiremos la señal sobre la frente.

Seremos una y otra vez
los navegantes ciegos
trazando imprecisos sobre las cartas náuticas
una ruta en común con la tinta invisible del mañana.

Dos navegantes en cubierta capeando las ráfagas de viento
que amenazan con quebrar en dos nuestra embarcación.

Quizá algún día —otro orden reinante— se detenga la rueda.

Un orden en el que los navegantes asuman la unidad
barriendo las contiendas del ego,
y escuchen esperanzados tras la tormenta
la alentadora voz del vigía
ascendiendo por entre los destrozos,

vocíferando desde su atalaya:

—¡Tierra!