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domingo, 6 de marzo de 2016

Los versos del capitán. Día seis. Nunca ames a un piel roja.












Es simple que me ames.

Es muy simple
sin pactos complicados.
Sin castillos,
sin príncipes ni reinas.
Sin exigencias.
Burdas maniobras
de tu absurdo chantaje emocional.

Ya sé.
Es fácil, vida mía,
que tu veneno venga a camelarme.

A mí, que he cabalgado tantas noches
en todas mis versiones de piel roja
cortando cabelleras a los blancos
para hacerte mi reina y mi señora.

A mí que me he olvidado de mi signo
mi nombre y la andadura de mi sombra.

A mí, que no he pedido nunca nada
más que el amor, renazca en una cobra.



*

Y me quitas,

me arrancas miga a miga y sin piedad
segundo tras segundo
los recuerdos
que levanté con sangre de mi sangre.

Me matas.

Pero si has de matarme te adelanto
no soy frágil, mi "tali".

Me río del cianuro y la sicuta
como de un vulgar chiste
y me agarro a vivir
con los dientes, las uñas
a todo lo que encuentre por delante.

Si me matas, amor,
amárrate el vestido ante mis vientos,
asegúrate siempre
que ya han muerto mis manos,
que ha muerto mi sombrero,
que han caído en combate
todos mis amuletos, mis zapatos.

Que estoy muerto bien muerto y solo y muerto.

Y reza porque el muerto
no vuelva de las sombras
cuando tus pobres ganas resuciten
el orgasmo polar muerto en tu cama,

porque puedo arrancarte estando muerto
de puro amor la vida.

Y un muerto nunca olvida una promesa.

Santa palabra.




Concha Buica y Javier Limón: " Oro Santo"







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