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jueves, 24 de noviembre de 2016

Veinte coplas de amor para Penélope.


«Despierta, Penélope, hija mía, para que veas con tus propios ojos lo que esperas todos los días. Ha venido Odiseo, ha llegado a casa por fin, aunque tarde, y ha matado a los ilustres pretendientes, a los que afligían su casa comiéndose los bienes y haciendo de su hijo el objeto de sus violencias.»


La Odisea, Canto XXIII.









Allí donde mi médico perjura
no cabe la emoción, solo el bramido
en ardua rebelión de mi latido,
allí donde mi vida se aventura
en acto de servicio a la bravura,
le levanté a mi musa sus cuarteles.
Y entre finos bolillos y caireles,
cual Penélope teje su locura.

Mantillas de algodón de un blanco nube
recrea desde el alba hasta la noche
para esconder en ellas el derroche
de versos con que un día la retuve
en la jungla virtual por la que anduve.

Penélope no sabe que los vientos
del olvido le temen a mis tientos,
y en domar su arrebato me entretuve.