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jueves, 19 de octubre de 2017

Mi vikinga y yo.






A todo solitario dios le entrega una espada, un amuleto o totem, para paliar sus males terrenales.
En mi caso, Dios no tubo piedad con su asignación.

Quizás pensó que de nada me serviría un cáliz de fuego, el santo grial o la credencial de honorable templario. Qué utilidad tendrían esos objetos para un hombre de mi tiempo cuya misión en la tierra era hacer frente a la palabra y sobre todo, demostrar al resto de mortales que era merecedor de ello.

Mi cruzada era tan sangrante  y desafortunada sin el conocimiento y amparo de la técnica, que en nada se comparaba al infierno corriente de los hombres.

No. Dios nunca hizo patente su presencia en mi cuarto valiéndose de todas esas artimañas que él elige, según los iluminados, para manifestarse y dar respuesta a mi pregunta:

"Dios ¿por qué me revelaste tardíamente mi habilidad para poetizar?"

 Y para qué, debió decirse dios, iba él a molestarse en hacer un hueco en su agenda para responder eso que yo ya sabía: que a los veinte, mire usted, andaba yo ocupado en consolar a las prójimas, como buen cristiano, con altas dosis de "amor" allá donde podía amparado en el apagón general. La Habana se convertía, literalmente, en la boca de un lobo entre las 8:00 de la tarde y las 12:00 de la noche. Qué me iba a importar a mí la recompensa espiritual que conlleva versar, teniendo cerca tanto consuelo carnal al que echarle mano.

Volviendo a las habilidades que Dios reparte (sortea) entre sus hijos, la mía venía a ser un ragnarök durísimo. Ninguno de los que poseemos el don llegamos al mundo con el manual de estilo calzado entre las piernas. Truman Capote invirtió mucho tiempo en dotar sus diálogos de una realidad rompedora. Truman transcribía, textualmente, las conversaciones que mantenía con las personas con las que se cruzaba a diario. Pues yo no he sido capaz de llegar a tanto, aunque confieso que ganas no me faltan

Para escritores tan potentes como Truman Capote la habilidad es un látigo con el que auto-flagelarse. Mi suerte fue distinta, porque ni yo tengo el dominio absoluto de la palabra que le tocó a Truman en el lote (Truman es único), ni a mí me han gustado nunca los látigos.

Debió ser esa la razón por la que Dios me envió a casa una musa valkiria para ayudarme a levantar mi voz-espada y adentrarme, valerosamente, en el lodozal técnico.

Y mi valkiria llegó, sí señor, equipada con uno de esos trajesitos diseñados por un sastre emprendedor en crisis, destinados a ahorrar tiempo, mano de obra y tejido, y a ponerle los dientes largos hasta a un monje, y una de esas hermosas melenas mechadas de caracolillos rubios a las que los escritores, que hicieron caso omiso cuando el sabio de dios les dejó en su cuarto de infantes una caja de herramientas de plástico el día de reyes como sugerencia, describen torpemente, (yo también caería en ese pecado, una rubia de ese calibre nubla la razón literaria). Y equipada también, como no, con el arco, el escudo, la espada... en fin, ya saben ustedes todo lo que una deidad mitológica vikinga necesita para entrar en materia de saqueos, que no es precisamente un bolso de Gucci y un Versace. Y para completar el equipamiento, con todos los recursos canallas de los que también disponen las hembras de a pie para hacerle la putada a un hombre:


INT. CASA DE MADISON/
HABITACIÓN. NOCHE.

En el reproductor suena el bolero "Somos". Madison está sentado en el escritorio, frente al portátil, a la espera de que la valkiria llegue para comenzar a trabajar en su nuevo poemario. La valkiria se materializa en el cuarto.

                                        VALKIRIA.
Qué desorden ¿Es que no puedes dejar los boxers en el cesto de la ropa sucia?


                                        MADISON.
Menos queja y a currar, que el tiempo apremia.


                                        VALKIRIA.
(Abriendo de par en par las ventanas)
Aquí huele a humanidad ¿Qué bebes?


                                         MADISON.
Tequila.


                                           VALKIRIA.
¿Tequila? Pensaba que era ron.


                                           MADISON.
Pues ya ves que no ¿Te pongo uno? Uy, no, que a las valkirias lo que les va es la cerveza. Pues pilla una de la nevera.


                                          VALKIRIA.
Qué desastre, John Madison. No tienes ni un maldito cuerno limpio en la cocina.


                                           MADISON.
¿Un cuerno?


                                          VALKIRIA
(Con los brazos en jarra)
¿Y dónde iba a beber si no?


                                            MADISON
(Sarcástico)
Perdóname, mujer, casi olvido que eres una vikinga, y las vikingas no saben beber en vasos de cristal del todo a cien. Bueno, que ¿nos ponemos a ello con ese poema?


...Y en el momento en punto de formular mi propuesta, ocurrió exactamente lo mismo que cuando mi mujer está en la ducha y yo entro en el baño (en bolas) en estado alka seltzer:

—Madison, echate para allá, que tengo prisa.

—Pues lo hacemos de prisa.

—Así no me apetece.

—Ay, santo señor, Toni no vamos a tardar nada.

—¿Tú quién te has creído que eres para meterme mano de esa forma?

—Tu marido.

Le meto mano en versión número dos. Toni me abofetea, sale de la ducha y el Alka Seltzer en mi vaso se desborda.

—Pervertido.

—Toni ¿no pensarás irte y dejarme "así"?

Pero ella ni siquiera se preocupa de procurarle un achuchón a mi "así" y solo dice:

—Adios, Madison. Llego tarde al ensayo.

Pues algo parecido me dijo la valkiria en cuanto le hablé de compromiso mutuo:

—Ahora no, Madison. Tengo prisa.

—Pues lo hacemos de prisa.

—Imposible.

—Ay, por el martillo de Thor. Valkiria, no vamos a tardar nada.

—Lo siento, pero he de marchar.

—¿A dónde?

—Al Valhalla.

—¿No pensarás irte y dejarme así?

—¿Así cómo?

—En blanco.

—Adios, Madison. Llego tarde a mi cita con Odín.

Ni falta hace que les diga que mi mujer y mi musa valkiria son tal para cual, porque a eso es, exactamente, a lo que se dedican: controlar y mandar a voluntad.

Dios sabe lo que se trae y bajo ningún concepto entrega a un hombre una habilidad en cuyo contrato no aparezca reflejada la polémica letra pequeña, porque de haber bajado al inframundo de mis dependencias una Deidad rubia, (una rubia auténtica y real me refiero, con una cabellera auténtica a la que agarrarme para mantenerme en tierra llegado el momento en que nos demos, mutuamente, el santo y seña) yo le hubiera entregado gustoso las llaves del Chrysler, la master card, los boxers, y todas esas cosas que a un hombre como yo le hacen tilín, en cuanto hubiera escuchado sonar a lo lejos el ruido de su balacera.

He ahí el problema: ni yo ni mi vikinga (mi vikinga y yo, perdonad) hubiéramos sido, entonces, capaces de fabricar ni un puto verso.












12 comentarios:

  1. Jo, ¡echaba de menos tus relatos, Jonh! Este es uno de esos del que es imposible no identificarse. Al menos para escribientes como yo que descubrieron esta vena cuando cumplimos los cuarenta. Y desde entonces intentamos forzar las musas y parar relojes.
    Me ha encantado esa musa vikinga, ¡ya está bien de musas insípidas! Mejor con curvas y que beban cerveza en un cuerno. Quizá no te sirvió para tu poema, pero a cambio nos ofreció este relato tan tuyo. Un abrazo!!

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    1. ¡David! Qué happy me ponen tus visitas, colega. Cuarenta dices? Bueno, pues te saco cinco de retraso, para tu alegría jajajajaja.

      Fui a visitarte hace poco. Qué prolífico estás, man. Me alegro que estés surfeando esa tremenda ola verborágica-creativa.


      Millón de gracias por pasarte y abrazo grande.

      No te pierdas.

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  2. ¡Bienvenido de nuevo al mundo de los sueños! Y digo sueños por aquello de rebajar la tensión, cuando debiera decir pesadillas, pues parece ser que tu estado alka seltzer no se ha visto satisfecho ni cantando bajo la ducha.
    ¡Vaya tela con la rubia valkiria y todo por un cuerno!
    Creo que tendrás que sustituir a esta musa vikinga por otra menos esquiva y que no lea la letra pequeña ¿verdad?...
    ¡Mucha suerte con la próxima musa!

    Un abrazo.

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    1. Pues ya estoy de vuelta, Estrella. Aunque te confieso que no sé cuanto voy a quedarme. Recojo la marejada de suerte que me envías esperando que surta buen efecto en cuanto a la creatividad.

      Un abrazo y gracias por la visita.

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  3. Perderme entre las letras, emborracharme de ellas...
    Un placer.

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    1. Mag, qué gusto saber que estas entre mis cosas. No te preocupes, ya te paso ya el mapa para que te sea fácil encontrar la salidas.

      (Es broma)

      Gracias por la lectura.

      Abrazo.

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  4. Hola, John, ¿retomando la actividad bloguera? Fíjate, entiendo lo de Truman Capote. Salvando las distancias, claro, yo suelo hacer algo parecido. Tengo un cuaderno donde anoto algunas anécdotas, historias que me pasan o me cuentan. Ayer mismo, la de un amigo de un amigo que trabajó en el puerto de Vigo descargando pescado para pagarse los estudios. Lo hacía porque odiaba a su padre, que era marino mercante y veía de uvas a peras, para no depender económicamente de él. Pues el tío se levantaba a las tres de la madrugada, cogía su gancho para arrastrar las cajas, se lo echaba al hombro y atravesaba silbando, a pie, el peor barrio de Vigo, lleno de yonkis, putas, rateros y demás fauna. No le molestaba ni Dios, decía. Con un gancho de acero de un metro y músculos de carga-descarga, cualquiera, jaja.
    En fin, la Valkiria está siempre al acecho. Su cerveza y alimento, nuestros ojos y orejas. Ella con esa materia prima hace lo que buenamente puede. De todos modos, siempre queda el remedio del Alka Seltzer, jaja.
    Un abrazo.

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    1. Hola Gerardo.

      No sé si sabes que me encantan las historias de marinos . Estoy seguro que encontrarás el momento para trabajarla, porque se que eres muy exigente relatando.

      La mayoría de los que escribimos tiramos más de inspiración que de un archivo propio de ideas, y ese es un gran problema. La inspiración a veces se va de vacaciones, así que tu método de trabajo me parece súper útil.

      Igual lo pongo en práctica.

      Un abrazo y gracias por la visita.

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  5. ¡Ameno y estupendamente narrado, Jonh!
    Aunque no he podido por menos de reír sobre lo dicho entre "tu mujer y la musa musa valkiria"
    Me ha parecido un relato lleno de naturalidad y talento, a pesar de que "Dios" "Dios te revelase tardíamente la habilidad para poetizar?"

    Lo conseguiste seguro que cuando era el mejor momento para ti. Un gusto leerte, amigo.
    ¡Un abrazo!

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    1. Ameno puede, Mila. Para que se pueda catalogar como estupendamente narrado aún le falta un trecho a este servidor. Para escribir como dios manda un relato hay que dedicarle muchas horas. Yo no las tengo, por y para mi desgracia. En ello estoy.

      Como digo a Gerardo, yo no llevo tanto tiempo en esto. Solo escribo desde hace dos años, comencé en el 2015, a una edad bastante tardía. No tengo la pretensión de ser o llamarme escritor. Simplemente disfrutar, pero eso no quita para que me esfuerce en hacerlo lo mejor que esté en mi mano.

      Gracias por la visita.

      Abrazo.

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  6. Jeje, se me han repetido algunas palabras, bueno, seguro que me entiendes.

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