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jueves, 16 de noviembre de 2017

Santa Lucía (Paridas en la noche)





¿Y de qué hablaremos hoy en Paridas en la noche? Pues de lo que a mí me de la gana, que para eso es mi espacio. Luego ustedes son libres de irse o de quedarse a leer mientras beben el primer café de la mañana. Agradezco a los valientes que han elegido la segunda opción, y no se preocupen los que han optado por la primera que ya los he mandado, definitivamente y de antemano, también, a la puta mierda.

Uy..., qué tío mas borde, dirán los agrupados en la primera opción. Buena señal, porque eso significa que aún me están leyendo y que están a punto de convertirse en mis lectores potenciales. Y eso no implica que yo sea un buen comunicador, que va. Es que son todos ustedes muy cotillas.

No. Aún no he revelado el tema a tratar en cuestión, les pido sean pacientes.

¿Hola? ¿Ya se han hartado de mí, pandillita de la primera opción?

¿Siguen ahí?

Pues bien, mil gracias.

Nada, que mejor dejamos lo del tema a tratar para otro día, no me encuentro muy bien. He dormido fatal, a saltos. Si me he levantado es porque a mi jefe le da igual que uno se haya despertado con estos bahídos de campeonato y con el estómago como si se lo hubieran metido en una bolsa de plástico y subido a empujones al Dragón kan. Ay, yo solo tengo ganas de quedarme aquí en mi cama hasta que se me pase. La borrachera no, el asunto es aún más grave: estoy enamorado.

Sí. Esa misma cara de susto puso mi mamá, Gladys.

—¿Y de quién se ha enamorado mi pichón esta vez?

—Mamá, no seas tan chismosa.

—A mí me lo puedes contar que para eso soy tu mamá.

Eso era lo que Gladys me decía cuando yo cursaba el bachiller. La loca de mi mamá no se acaba de enterar que hace mucho que me gradué, con matrícula de honor y todo: treinta y picos de años.

—Ay Madi, con lo bien que a mí me cae Claritza.

Dijo Gladys. Así toda emocionada ella.

—Pues no es Claritza la culpable de este sufrimiento.

—¿Ah no? ¿es por alguien del barrio?

—No. Es argentina.



—¿Argentina, argentina de la Argentina?

—¿Mamá estás sorda, o qué?

—Ay nene, argentina no que son unas empalagosas.

—Pues ésta no.

Y me salió un noooooooooo terrible, cayendo dramáticamente a lo Gardel, o como una canica, cuesta abajo en la rodada.

—Maricón ¿tú estás llorando por esa mujer?

—No. Es que me encuentro fatal del estómago.

—¿Y ella sabe que tú la quieres?

Nada, mi mamá es así de bretera y prefiere saber los pormenores de mi drama amoroso, antes que los pormenores de los violentos vaivenes de mi enamoradizo estómago.

—Claro que lo sabe. Tengo toda la maldita red infestada con versos de amor y gilipolleces ripipis de toda clase.

—Ah... ya. Pero ¿tú le gustas a ella?

Sí caballeros y señoras, bueno y señoritas, aquí no se discrimina la condición de nadie, tal y como Gladys me lo preguntaba me era imposible retrotraerme en el tiempo a esos días en los que yo era una ratilla de instituto y la peña iba por ahí pintando corazonsitos ensartados por flechas en las puertas de las taquillas y de los baños.

—Bueno ella dice que me quiere, pero ni idea de hasta que punto. Y me dice cada cosas.

—¿Malas?

—Me piropea.

—¿Cómo dices?

—Que me echa piropos como le da la gana, Gladys: que si mi hombre hermoso, mi pescador intergaláctico, capitán de mi alma.

—Ya lo decía yo que siendo de donde es iba a ser una empalagosa...

—A mí lo que me tiene es muy loco. Ganas que tengo de salir corriendo para el aéreo puerto y no parar hasta que el taxi llegue a la puerta de su casa.

—¿Y es por eso por lo que tú estás llorando, mi'jito, porque te vas para allá con ella? Ay mi'jo yo también lo voy a extrañar mucho a usted.

—Más quisiera yo mamá. Te lo juro por papá, en gloria esté.

—¿Y entonces?

Ya no colaba la excusa del estómago, así que ni me molesté en aclararle a mi mamá por qué lloraba en modo avión, de espaldas a ella, a moco tendido y sin hacer ruido. Pero a ustedes, lectores de esa jodida primera opción, se lo voy a contar solo y solamente por el esfuerzo que han hecho para llegar a la recta final de la lectura:

"Porque el amor es un asco, mamá. Y a mí lo que me va es el puterío".







miércoles, 15 de noviembre de 2017

I wanna love you and treat to right.







Al principio de todo,
yo era un crío difícil que amaba su reflejo.
Entonces te encantaba ver salir a tu crío
desnudo de la ducha, pavoneandose
como los señoritos, por tu cuarto
de dama
que ya ha vuelto de todo,
con ese desparpajo cruel que nos traemos
de bambalinas los del espectáculo.

Así era yo entonces, un David siniestro
que había malgastado media vida
cincelando su cuerpo, cada músculo y tramo,
hasta llegar a ser un ejemplar marmóreo.
Un David tan perfecto
que no sabía como volver a sus adentros.

Tu desnudo de entonces
era el pistoletazo de salida para hacer que tu espejo
sacara ante mis luces su reflejo convexo:
Qué profundos,
qué salvajes y libres
los océanos cautivos en tu himen.
Y qué acertada, diva, tu vocación de médico:
Qué corazón de hombre
tiene mi nene tierno.
Qué pasional su hígado
cuando brama en la noche de mis puertos.
Qué tensión arterial
qué fuerza, negro,
para elevarme tienes a los cielos.
Ay santo dios.
Ampárame papá, que me lo como entero.

A ti, galena mía, te debo este que soy,
este hombre taciturno. Este David rebelde,
este maromo
que se niega a marchar de tu desfiladero.
El gilipollas con voluntad de poli
que juro protegerte
gozarte y envejecer contigo invierno
sobre invierno.

Te debo tanto: mi humanidad, es cierto,
pero no te perdono que mataras
a golpe de pistola y sangre fría
la inocencia
amor mío de lo nuestro.






martes, 14 de noviembre de 2017

De vuelta al paraíso.








Eva de noche.

Cada noche, murmuraba en mi cuarto
la ruta de tu seda.
Con un prestigio antiguo indescifrable,
tú me prendías fuego desde lejos.

Sin fuerzas ni recursos para la resistencia
no había otro consuelo que inmolarse.
Arder como una inmensa llamarada
que viaja mano en mano y no claudica
ni aunque dios la condene a otro diluvio,

arder...
con tu nombre invernal de anhelos rojos
ardiendo dulcemente entre mis dientes.

Mientras ardía,
suplicaba mi boca: más manzanas.



****



Dios nos privo de todo.
En nuestro insulso Edén solo podíamos
gozar con el pecado de la fábula.

No se lo reproché,
ni tú tampoco.
Desde mi jaula
forje con mi candor un llamador
de fuego que aprendió a re-convocarte.

Él te enseñó a llegar desnuda hasta mi sombra.
A purgar en mis hombros paganos tus desgracias.
A reír en mi cama.
A montarme
y a celebrar tu orgasmo con mi vino de esperma.

Dios, no tiene ni puñetera idea
del inmenso poder
que guardas en tu nombre.


****



Y pasarán los años, la eternidad vendrá
buscando entre mis libros la efervescencia rosa
de tu luz,
pero será imposible desprenderla del iris de mis ojos,
viajeros del destino
corriendo en retro inversa hacia tu encuentro.


****


Amo tu vocación de necromante,
tu gran virtud de eternizar mi corazón
solo con el hechizo de una frase:

"Esta mujer te ama, no te olvides".



****



El barro, mi costilla y el manzano,
la imagen de tu mano asida al fruto y mi mordida.

Tan solo unos instantes deambulando sin luz
y..., voila,
los mismos valles verdes,
el mismo río Pisón con su bedelio
y con su ónice.
Nuestro huerto, y a lo lejos el lago
y la cascada donde te prometí
que iba a ser tuyo para siempre.

De modo que,  no tengas miedo, amor.
Cuando el olvido avance sobre ti
yo estaré junto al árbol.

Y si tú me lo pides,
morderé nuevamente la manzana.









n.del.a: imagenes del ilustrador Jean Paul Ferrara.













viernes, 10 de noviembre de 2017

Ciudad Hanamachi.








Últimamente estoy bastante cabreado. Mis amigos se afanan en conocer cual es el detonante de tanta mala leche, como si no supieran ellos que yo solo tengo una mala batalla que librar en esta vida, o un mal karma que convalidar..., ustedes pueden nombrar y hasta catalogar mi dolencia como mejor les plazca, yo suelo resumir su concepto en una frase corta: el amor es un asco. Totalmente. Al menos el que yo estoy padeciendo por estos días.

Un asco y una putada, oigan, ya les aviso que enamorarme tal y como estoy ahora (hasta las trancas) me viene fatal para escribir. No es que uno no sepa, es que yo no puedo escribir cuando estoy muerto por los huesos de alguien, que es diferente. Me entra una bobería... Para que yo logre unos versos decentes a mí me tienen que estar llevando muy lejos mis demonios.

Y que a mí me lleven los demonios no significa, ni muchísimo menos, que yo sea un escritor maldito. La maldición dejénsela a Bukowski, que ya uno tiene bastante con hacer el ridículo. Imaginen ustedes el percal al teléfono:

—Cariño, quiero ser tu bufón. —completamente salido.

Y ella del otro lado:

—Ay por dios, un bufón no —en un tono enteramente recatado y sensato—, en todo caso príncipe, mi príncipe Carlos.





Lo que si tiene un rollete tela de maldito son los horarios tan intempestivos que mis versos eligen para manifestarse: 3:00pm, 4:45pm, 5:00pm, 5:45 (cuando solo faltan quince minutos para que suene el despertador) pm.

Como han podido ustedes apreciar, todo acaba en p.m, y esos "pe" y "emes" a su vez van precedidos por una serie de sueños, por que así se suceden, en serie y en oleada como los crímenes, con la amada en cuestión. Unos sueños muy de p.m (puta.madre) por su alto contenido en rombos:

La escena onírica transcurre en un campo de amapolas. Todo es, como en el cine mudo, gris e incoloro, amanerado, etéreo, ...

En un vocablo: RIPIPI.

Yo en boxers y ella de geisha, pero sin kimono, en pelota picada, ataviada con el tocado y el maquillaje —pálido— representativo de las maikos, montada a horcajadas y en flor sobre mi espiga, muy cálida, por no decir caliente como las palomitas de maíz cuando están en su punto kaboom, toda ella un shamisen quebrado en coletazos sobre mí, su lengua y su boca dibujada con un lápiz labial hecho de pétalos de cártamo, según la tradición, recolectando los espasmos quebrados que se suceden en mis labios. Sí, también lleva los dientes maquillados de negro, que iba de p.m con el costumbrismo japonés de entonces, pero que a los europeos del hoy y aquí y ahora nos da un yuyu que pa' qué.

Sí, siempre-siempre, acabamos de la misma manera. Justo cuando ella está ahí en sus cosas, en su orgasmo, con los ojos en blanco y la cabeza descolgada, sumisa cien por cien y despoblada de toda fuerza opuesta a mí, le digo apasionado: cariño, quiero vivir contigo, gilipollas que soy. Cómo es posible que a estas alturas yo no sepa que decirle a una piba "quiero'" no es otra cosa que imponer en el lenguaje femenino, y eso está penado con el cierre de las capitulaciones de la relación. Cada vez que suelto ese gab, me despierto..., con el maldito infierno entre las piernas, que es al fin y al cabo lo única cosa que a mí me une con los escritores malditos.

Ahora, intenten rememorar el sueño y hacer con los detalles un poema. Según todos esos gurús que se dicen poetas o literatos,  es cuestión de cojer cuatro o cinco vocablos distintos y armar el puzzle  (un segundo, rebobinemos, porque antes de llegar a este punto hay que apagar el fuego de Romeo). Bien. Pues  ya que el fuego está bajo control, ya les doy yo la licencia para que les disparen a matar a esos señores. El truco está en hacerlo sin que al lector le suene obsceno, cursi o banal, o todo junto.

Seré franco, porque no soy gurú ni me interesa. En realidad lo único que conseguí con la evocación fue, según mi mamá , Gladys, puras cochinadas. Así que, si alguno de vosotros se ofrece a regalarle un poema erótico, erótico y sin pasarse, a mi piba, no me pondré celoso, palabra, soy un tipo moderno, pueden dejarlo en la caja de comentarios. A ella le va a encantar.

Tengan mucho cuidado, porque mi piba entiende un huevo de versos y no va a conformarse con las sábanas calientes del sábado noche.

Bueno, creo que ya va siendo hora de cerrar el chiringuito. Sintiéndolo en el alma, es lo único decente que servidor puede ofrecerles para pasar el rato. Y por orden expresa del rey, que soy yo, les comunico oficialmente que hoy: no-hay- poema.

Ahora he de irme a la cama. Tengo el maldito sueño atrasado.






viernes, 3 de noviembre de 2017

Un Tritón en Borneos.





La noche es el mejor regalo que el universo le ha entregado  al hombre. Si usted tiene problemas, vaya a la cama, cierre los ojos y deje sus angustias e imposibles en manos de la noche. No piense, duerma, y deje que la noche se encargue del resto.

No sé si este consejo forma parte de la guía de trucos para vivir mejor que Jodorowsky suele vender a sus seguidores, lo que si sé es que a mí me funciona, y es, exactamente, lo que hago cuando estoy en apuros: entrar en fase REM. De esta manera he sido Marco Polo, Draco, el Sombrerero loco de Alica (la Alicia de ese maravilloso país que ustedes bien conocen), Ulises... Ulises treinta y uno no, les hablo de Odiseo, el Ulises auténtico.

Bueno, yo me dedico a la literatura, de modo que cuando vuelvo de esos viajes astrales lo hago con la certeza de contar con un archivo rico en imágenes listas para desarrollar ¿Usted? Pues a saber. Ya les he dicho antes que no soy Jodorowsky, ni me dedico a interpretar los sueños. Lo que cada uno cree mientras duerme es su responsabilidad, y su problema.

Muy bien, pasemos a otra cosa. Porque no quiero rajar más de Jodorowsky. Eso es publicidad y eso se paga y, precisamente, Jodorowsky no va entrarle de a pleno a mis asuntos: eso se paga antes de que uno se tienda en el diván de Jodorowski; así que si no les importa ya le doy yo matraca a mi nuevo problema: el mar, el escenario donde transcurre mi sueño.

Y en esta proyección, cuántica desdoblada de esos mis tantos yo, soy un tritón tirado al abandono en una playa. Da igual la ubicación del paraíso, lo cierto es que yo, un tremendo ejemplar de tritón neptuniano, espero a esa mujer de pan y de jengibre que me acompaña siempre en mis movidas con Morfeo, como también es cierto que ese gigante mitológico de fondos misteriosos en el que yo me he convertido reconoce, sabe, mientras deja que el sol castigue su modelado torso a puro Gym y a dietas, y malogre su kiki de *"Pitingo" con sus rayos molestos, que el océano nunca jamás traiciona.

El mar devuelve siempre los deseos: las quimeras de amor, los besos imposibles; los trajines de cama del pasado y hasta los más violentos y sórdidos encuentros cuerpo a cuerpo que tendrán su lugar en el futuro. Siempre que los deseos se proyecten al agua desde el alma.

En consecuencia a esa verdad universal, pido al  mar un destello, una llovizna, un rayo..., lo que sea que me hable de ti y él, generoso, te trae a mí a bordo de un catamarán. Y entras de lleno en mi campo de visión y  rompes esa línea, a esta hora de la tarde desdibujada ya en el horizonte, casi ausente, que parte en dos los mundos, el marino y el místico, a una velocidad de treinta nudos en dirección a mí.

Desde la arena grito tu nombre en clave, el verdadero, el que solo los Argos y las criaturas que habitan en los fondos de la *"Pequeña y Grande Sirte"guardan en su memoria: el sonido vernáculo del nombre de la mujer de Adán (la segunda).

Desembarcas vestida con aquella versión de carne  amaderada que dios te hizo llevar en el edén. Todos los artilugios y detalles que aparecen en la escena que cuento son de mi pertenencia, como también lo son el mar, los pájaros, los peces que se acercan tímidos a la orilla, Dios no. Dios no es de nadie, y a él le pido que traigas solamente un complemento para acompañar tu lookc,



tres o cuatro flores acordonando la isla irresistiblemente deliciosa, rebelde, de tu inquieto tobillo.

Pa' qué quiere uno más, ya dios, que es en realidad quién dirige la empresa sentenció: irás desnudas.

Así que, AMÉN.

Y tus manos que saben del milagro de generar la vida en cualquier tierra, le ofrendan a mi cala un grupo de palmeras, y los dos nos tumbamos presurosos, muy juntos, bajo su sombra, esa sombra delgada, debilucha, que brindan las palmeras caribeñas, mientras me pones los dientes bien re-largos al confesar que aún me escribes poemas, cada noche, con la tinta invisible que solo puede leer tu corazón, porque el loco de dios se olvidó de dejarte un cuaderno y  bolígrafos para matar las horas en tu isla desierta.

Y oigo cómo me llama, tu voz de siempre-niña, hombre hermoso: hermoso y capitán y protomacho. Y yo me pongo loco de contento, eufórico, suelto y sin vacunar como el ganado, aunque no se me nota porque no tengo en este sueño mis dos piernas que hacen propicia la acción de esa tercera pierna que en armas se levanta si una mujer lo llama hermoso y protomacho. Algo normal en todas las especies, menos en los tritones.

No sé que rayos estaría haciendo Zeus en el momento en punto de mi alumbramiento, supongo que una labor muy entretenida, (ganchillo no, seguro) para no darse cuenta que ese tercer punto de apollo tan viril brillaba por su ausencia en el vástago de su querido hermano Poseidón y su cuñada Anfítrite.

—Lo siento, pero ahí lo que hay es una cola. Nada más. —te digo con pesar.

Y entonces llega la pregunta del millón:

—¿Para qué necesitas una cola de Tritón? Es más útil un trípode.

—Bueno, puedes sacarle brillo a las escamas con una balleta y usarla como espejo —digo, para salir del paso.

Como si no supiera ella que a nadie más que a mí, el protomacho, le ofende la putada de la cola.

Es la primera vez desde que soy Tritón que una mujer me llama protomacho. Protomacho y a boca llena: hermoso. En otro afer marino, otra mujer, quizás con una igual, una sirena, yo habría respondido a su floreta aludiendo que todos los tritones, los neptunos y el resto de la peña mitológica, son siempre hermosos.

¿Cómo si no íbamos a ser?

Pero es ese otro "hermoso" al que ella hace referencia: sos realmente hermoso, capitán, hermoso el corazón y hermosa la palabra, bogando en su saliva,"hermoso..., hermoso y mágico", con el lento vaivén que derraman las barcas cuidadosas que entienden de naufragios, temorosa su voz de que la barca hecha con los sonidos de mi nombre en clave, el verdadero, ambos sabemos que jamás fui presidente de ninguna nación, más que de la República Independiente de Mi Cuarto, acabe por hacerse pedazos al encontrarse de súbito ante los arrecifes claros de sus dientes, y finalmente: sos tan hermoso John, John con la "h" donde te dé la gana, pero voz no sos real (en argentino claro), aunque sos mágico, tan mágico como la misma magia.

Es ese carrusel que va pitando por su feria: hermoso-mágico-irreal, lo que me hace desear ser bípedo. Con gusto pactaría con el primer Mefisto de mi pueblo, si él pudiera dotarme con un buen par de piernas.

Mi alma por dos piernas.

Las necesito para reconocer que este sueño no va de mi regreso al mar:  no se ha marchado este Tritón y continúa, frente al mar, tatuando rosas de Borneos sobre su vientre de Eva, que nunca fue de Adán.












Glosario.

*Pitingo: presumido en calò.

*Pequeña Sirte: en las costas del norte de África existen dos bajíos muy famosos, la Sirte Mayor, en el golfo de Sidra, Libia, y la Sirte Menor en el golfo de Gabes, Tunicia. Se trata de zonas de poca profundidad, muy peligrosas para la navegación.