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martes, 10 de abril de 2018

Sandunga a la borincana.


"Según la física cuántica se puede abolir el pasado o, peor todavía, cambiarlo. No me interesa eliminar y mucho menos cambiar mi pasado. Lo que necesito es una máquina del tiempo para vivirlo de nuevo".

Guillermo Cabrera Infante.








—No tienes idea del problemón que me puedes buscar metiéndo aquí en la casa a ese muchacho, Estefania.

—¡Qué problema de qué, Ernesto!

—Juan es menor de edad. Ni te imaginas la de años de cárcel que me pueden caer si a las Mirticas les da por regar por ahí que yo ando sodomizando a ese chiquito.

En realidad solo una de las dos solteronas que viven frente a la casa de Ernesto se llama Mirtha, pero él las apodó así porque Anabel y Mirtha son igualiticas de enanas y de feas que “Las Meninas” de Velázquez. El caso es que Las Mirticas se pasabanel día espiándonos por las persianas de la sala de su casa. 

En cuanto a la palabrita esa: “SODOMIZANDO”, yo no tenía ni idea de lo que significaba, ni creo que nadie la tuviera en el barrio la tuviera. Allí la palabra mas compleja, y la mas popular, era “frigidaire” (en lugar de frigorífico). En los 80' la gente en La Habana pasaba los treintaiun dias del mes trapicheando para llenarlo. No como el Ernesto que era hijo del ministro de.cultura y deportesny sipre tenía el.frigorífico a tope de coca cola y de refresco de materva y de todas esas chucherías que también tenían en su nevera los hijos de lks embajadores y el resto.de ministros que pasaban el.día.en la calle jugando a la pelota con Ernestico. 

A él no le faltónla vomida ninla ropa de marca ni los libros, así que ko me extraña que en lugar de aprender a llenar el frigidayre, aprendiera en sustitución palabritas extrañas para dejar con la boca abierta los de mi barrio. 

Recuerdo que una vez le dije a mi abuela Alejandra que la cocina estaba hecha un bayú, refiriéndome al desorden y mi abuela me lanzó una bofetada. Eramos pobres, pero bien hablados y serviciales, incluidos los hombres, y mi abuelo Pepe que era Abakua y por tanto más  hombre que nadie, además de su hombre, le dijo que me había abofeteado injustamente. «mija, pero qué va a saber Juanito que es un bayú» y  queprostíbulo, burdel, casa o local donde se ejerce la prostitución.

Era evidente que a los ocho años yo aún no era aficionado a las gatas. 

A mi no se me olvidó el bofetón. Nunca uso palabras de dudosa etimología, a menos que yo ande emparentado con  ellas y en este caso, según Ernesto y según  Las Mirticas, lo estaba, por eso en cuanto oí que Ernesto arrancaba la moto en la acera saqué de la estantería el diccionario. 

Fue en el cuarto del supuesto sodomita de mí y no en la catequesis que jamás me impartieron que me enteré que Sodoma (Ernesto dijo sodomizando, pero primero yo encontré a Sodoma), la ciudad que formó parte de la Pentápolis bíblica, fue destruida junto a Gomorra por la ira de dios. Ahora, qué significaba: “pentápolis” y que tenían que ver Sodoma y sus ciudadanos con Ernesto y conmigo, me enteré durante el transcurso de los hechos que tuvieron lugar en la madrugada de esa noche.

Ediciones había en aquel apartamento como para organizar la mayor Feria del Libro de La Habana lo que no encontré fue un mapa donde ubicar la ciudad de la que partía, según las requetefeas de Las Mirticas, la afición del Ernesto que en ese instante recorría en su moto las avenidas preocupado, seguro, por los daños colaterales que sufriría su culito de Apolo en el penal si Las Mirticas desataban sus lenguas.

—Pues, no te creas, Ernesto, que Juan no es tan bobito como parece. No sé donde se lo habrán enseñado, pero sabe singar como los hombres.

—Que te la sepa meter no significa nada —dijo Ernesto a su mujer— para ser un hombre de verdad se necesitan otras cualidades. Templar es un acto animal que la gente desarrolla con la práctica —en eso estábamos de acuerdo Don Sodomita y yo. Práctica tenía servidor que les habla con las italianas, las francesas, las rusas..., cualquiera de esas turistas solitarias que estuviera dispuesta a pagar por pasarse toda la noche singando— si lo que tú estás buscando es un candidato para que yo no salga para la calle a desahogarme, te aviso que yo eso no lo quiero. Vótalo

Si Ernesto media la hombría por la inteligencia, Estefanía la calculaba en base a la capacidad de poblar de billetes la cartera:

—Es que tiene fiebre, y habla flojo va a despertar.

Bueno, despierto estaba yo desde hacía rato. Si no se habían dado cuenta era porque la bronca a medias se desarrollaba en el corredor y no en el cuarto donde yo fingía dormir.

—Pues que se vaya para la casa de su mamá que tú no eres la mamá de nadie o para la ENA, que es donde tendría que estar haciendo ballet.

En qué clase podría andar yo en el horario de la mañana bien lo sabía él por su segundo empleo como profesor de acrobacia en la Escuela Nacional de Circo en el horario, también, de la mañana.

—Entonces, ¿no te gusta? Pero si es de lo más bonito, mira tú que ni siquiera parece el hijo de un negro.

Supongo que los dos se asomaron a la puerta del cuarto y comprobaron que, efectivamente, sobre la cama matrimonial había un adolescente de dieciséis años, mulato tirando más para el patio de sus ancestros canarios maternos, que de los haitianos por parte de su papá, fingiendo dormir a pierna suelta.

No me fui para la ENA ni para mi casa como quería Ernesto. Llamé por teléfono a Lyn, mi mujer, y le dije que tenía un ensayo y que me era más cómodo dormir en casa de Bobby.

Para cuando entró la noche la fiebre se me montó en cuarenta. Fifí, que resultó ser, parte de una fantástica bailarina de cabaret, una enfermera maravillosa, me hizo un té con hojas de naranja y miel, me dio una aspirina y luego me bañó en la con agua tibia y todo. 

Ni en sueños iba yo a malograr mi  cuerpo con aquella agua fría con la que el esbirro de Ernesto pretendía me bañara. Ni sé ni me interesa cómo se las arregló "el esbirro" para conseguir el pollo que me dieron por cena. Solo sé que dijo, «Estefanía, que Juan no se tape con la colcha para que no le suba la fiebre. Ahora vengo», y que al rato vino con un pollo y una bolsa de naranjas.

Por fortuna, había dejada de ser para Ernesto “esa basura” y creánme que  me alegró ya que “esa basura” representaba en el imaginario de Ernesto un homúnculo que corría el peligro de romperse si él lo rozaba siquiera con esos ojos bellos de mamao’, para convertirme en  Juan Martínez, el hijoputa que veinte años más tarde le iba dar por el culo y bien, hecho que no imaginamos ninguno de los que compartimos cuarto aquella noche en todo el careto verde olivo de Las Mirticas de Velázquez.


No sé qué hora sería cuando desperté, pero si que era noche cerrada. El radio estaba sintonizada en la emisora radial "Nocturno”. Sonaba “Regrésamelo todo”, por Raúl Torres. Gracias a que el tendido eléctrico habanero es insuficiente, no era posible distinguir a un elefante a un palmo de distancia. Desde lo oscuro se oían los suspiros que emite Fifi cuando goza con propiedad. Fifi estaba en medio de los dos y Ernesto, el esbirro, no la andaba torturando ni nada, sino que le daba sandunga a la borincana pegado a su espalda, sincronizados ambos. Los miré y Fifí dijo con toda la normalidad del mundo: «ven, pipo, ven. Que no es nada malo» y me arrimé y ella me besó.

Confieso que fuí objeto de un flipe tremendo al presenciar cómo aquel hombre que tiene en realidad un aparato genital desigual con respecto al mío, no soy musulmán, pero estoy circuncidado y mi aparato genital no es nada deslumbrante respecto del suyo, gozaba y hacía gozar a Estefanía. 

No sé si el sodomita me miró cuando me dio por masturbarme  a calzón quitado. Yo andaba tan puesto  para lo mío que cerré los ojos mientras me masturbaba con Raúl Torres de fondo en el radio y la flecha de cuarzo que él le había robado a un ángel y, posteriormente, clavado a no sé quién o a qué, o eso me pareció oír en medio de mi ceguera. 

Estaba ciego, pero no sordo porque bien claritico que oí cuando ese hombre dijo, Raúl Torres no, Ernesto, a Estefania: «mami, te la voy dar toda».  (la leche), y ahí sí que deseé que  mi flecha de cuarzo, o de la materia que a Raúl Torres le diera la gana, estuviera clavado en lo mas profundo de Fifí, pero Guillermo (esbirro) Tell y supuesto sodomita de mí, según las Míticas, me había tomado la delantera y no me quedó otro remedio que continuar single sumbándomela mientras Raúl Torres seguía comiendo mierda con aquella canción tan variopinta desgranando crucifijos azules, muñecos de lana, enanos y  bosques y un lobo solitario y de repente unos  orgasmos como el que en ese instante sufría el esbirro y supuesto sodomita, denso, o así lo adjetivó Raúl Torres en la canción, que en lo absoluto cazaba con el sustantivo manzanas. 

Pudiera ser que Raúl estuviera en hambriento cuando escribió aquel temazo y de ahí las manzanas. Las mismas que los padrinos de los Castro, los soviéticos que luego han vuelto a ser rusos, intercambiaban con nosotros por azúcar refinada. Incluso el idiota de de Peter Pan que no quiso crecer, quizás por miedo a Wendy, aparecía en la composición musical de Raúl Torres mientras yo seguía a lo mío con los ojos apretados. Yo solo los abrí cuando le oí decir al esbirro:

«Psssss, niño..., oye, mijo. Échese para allá que me va a salpicar con esa vaina».

Refiriéndose a la discreta pirotecnia de mi discreto pene.

En ese tramo andaban mis recuerdos mientras incineraban el cuerpo de Fifí.



Cuando vuelvas, 

amorcito del recuerdo

amorcito de mi vida,

dueña de mi corazón....




Todo el rato que duró el trayecto de regreso del crematorio a la casa deErneato fuimos oyendo en  “Cuando Vuelvas” por la Burke, la bolerista que mas le da el rollo fatal. Quizá en otro momento aquel bolero me hubiera dejado indiferente, pero no en la despedida de mi amorcito Estefania noniba a volver, estaba convertida en polvo y guardada, para mi horror, dentro de una urna. Giubi la llevaba sobre sus piernas en el asiento de detrás muy callado, junto Bobby.


Llegamos a casa de Ernesto. Giubi y Bobby se metieron en la cocina a hacer café y Olguita y yo, más yo que ella, buscamos por un trago imposible que jamás apareció. En la casa no se ha bebido nunca ni se bebe. Es a mí a quien le gusta beber y fumar. Ernesto y Estefania no han consumido en la vida sustancias para alterar la conciencia.

Ahora el piso es dimensionalmente oceánico sin Estefanía. Siempre que iba a visitarla me la.encontraba con aquellos batines floridos, no sé si chinos o japoneses, que  usaba para taparse lo poco que aquellas baticas tapaban, porque a la que se agachaba o semi inclinaba mostraba a los leones, Ernesto y yo, la merienda.

Estefanía es, sin duda, la mujer que más he querido. Nunca tuvo problemas para diferenciar mi amor de padre y de marido, de la parte que a ella le correspondía: la de hombre amante. Fifí vino al mundo desposeída del egoísmo ciego que acompaña a todos los enamorados.

La quería tanto que pensé en suicidarme. Pero yo vine para ver como se me iba desmontando el ajedrez. 

De la cocina me trasladé al cuarto de Lomba y de Fifí, en la primera planta, y me tendí en la cama que aún guardaba el olor de ella, y también el de Ernesto. No, no es literatura banal. Es cierto que las camas huelen siempre a sus dueños. Me quedé allí mirando como Vicenza y mi compadre, Oscarito, embalaban en cajas lo que había de Fifí en el baño. Del baño regresaron al cuarto. Giubi entró y me dejó el café en la mesilla y le preguntó a Oscarito si iban a necesitar más cajas vacías porque en el garaje quedaban más y Oscarito le dijo: «subelas todas». Si una cama es capaz de guardar el olor de sus dueños , imaginen ustedes un armario. Cuando Vincenza lo abrió para desalojarlo, todo el olor de Fifí se me vino para encima, que no era el de Fifí sino el olor de Flower, by Kenzo, el perfume que ella siempre llevaba y que había acabado por desterrar de su piel su olor natural. Entonces me senté de golpe en la cama y le dije a Vicenza:

—Deja eso ahí.

—Contra más rápido saquemos las cosas de Estefania de la casa, Ernesto se hará más rápido a la idea que ella no va a volver.

Sacar a Estefania de la vida de Ernesto Lomba es tan difícil como encontrar en los próximos meses un planeta que pueda acogernos cuando la tierra se vaya a la mierda.

—Me da igual lo que pienses. Nadie va a borrar a Fifí de este cuarto, volví a tenderme y a estirarme boca arriba, “yo he sido su hombre aquí, —dije al techo— en esta misma cama. Algunas noches lo hacíamos hasta desfallecer. Entonces yo era tan joven que podía singar así sin más, hasta que ya no me quedaran fuerzas ni para metérsela. Lo cierto es que fue con esa mujer con quien me hice de verdad un hombre. En esta cama supe que ella tenía cáncer de pulmón. Lloré toda la noche por ella, por Ernesto y por mí. Lloré hasta que me quedé dormido con aquella mujer que era la mujer mía, aunque no exista en mi poder papel o anillo que demuestre esa verdad —dije sentado otra vez y mirando a mi compadre Oscarito, congelado frente a mí y recostado al ropero— Oscarito, haz el favor y dile a tu mujerque se vaya, dale. Con el resto de la casa pueden decidir lo que diga Ernesto.

—Tú no eres quién para decidir qué hacer con las cosas de Estefania, Juan. —dijo Oscarito, al fin y al cabo es el hermano de Ernesto y el cuñado de la difunta e igual que su mujer, Vincensa, consideraban que el amante de la difunta ocupa siempre el último lugar en el escalafón de mando.

—Si tu hermano no se me hubiera metido en medio yo tuviera hoy algo de Fifí. Fue él quien decidió aquel aborto.

—¿Pero que está diciendo, Oscar? —preguntó Vicenza a su marido tal y como si yo estuviera senil o me hubiera tomado todos esos tragos que el cuerpo me pedía incesante y que no encontré en la cocina.

—Qué Lomba convenció a Fifí para que abortara, eso digo. Íbamos a tener ese bebé. Fifí estaba muy ilusionada, pero a tu cuñado no le dio la real gana.

—Yo no decidí nada. Fue ella. —me aclaró Lomba entrando en el cuarto con las cajas que Oscarito le había mandado subir a Giubi, y que seguramente Giubi no subió por no ser testigo del discurso que yo lanzaba al techo a puro llanto. Porque si alguno hay en esa tribu que lleva cabalgando junto conmigo desde los doce años, es Giubi.

—A mí nadie me dijo que Fifí iba a abortar —le solté. Nunca habíamos tratado aquel tema. Fifí quiso que lo dejara correr.

—Ya tenías un hijo. No sé para que te hacía falta otro.

Me soltó Ernesto.

—No te atrevas a mencionar a mi hijo, Ernesto Lomba.


Abandoné la cama y de paso el cuarto.

—Hice lo mejor para los tres. Tú eras un niño  y no pintabas nada ¿Me oíste? Gritó Ernesto hecho una furia a mis espaldas, escaleras abajo.

Pensé en partirle la cara, pero no pude. Ya por entonces estaba metidisimo, como un camión en un bache, con aquel hombre al que oía llora sentado al pie de las escaleras.













16 comentarios:

  1. Qué gusto verte por aquí de nuevo, Jonh. Parece que las musas son nuestras aliadas, las de los lectores, para no dejarte desaparecer de este mundillo. Por mí está genial :)

    Tu historia, como siempre, me deja llena de emociones que no sé muy bien expresar ni analizar. Los personajes son tan reales, tan maravillosamente sinceros en lo que hacen, pero sobre todo en lo que sienten, que conmueven. Y todo lo cuentan (lo cuentas) sin tapujos, con el alma en carne viva. Una no puede dejar de sentirse hipnotizada con la historia, con el vocabulario, con el contexto, con la forma de narrar... Lo dicho, es un gustazo leerte :))

    ¡Un fuerte abrazo!

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    1. Gracias inmensas por estar conmigo, Julia C. Ahi vamos, intentando relatar lo mejor posible, creo que fue a E va Loureiro a quien dije que lo que hago es ficcion partiendo de trozos de mi realidad. Toda esta fauna existe, Giubi, Bobby, Olguita... Algunos llevan identidades ficticias para no molestar su intimidad y otros como aparecen tal cual se llaman en la realidad. sobre esos personajes y ciertos hechos uno construye entonces una ficcion, pero siempre sustentada en la realidad. debe de ser por eso que notas que el texto es muy real, aunque deja que te diga que aun haciendo ficcion el escritor ha de esmerarse a fondo en dar veracidad a su texto. La mayoria de los que hacen ficcion creen que ellos no aparecen en el texto, pues bien, no es del todo cierto dado que todas las experiencias del escritor, las propias y esas tantas que su memoria guarda y que son testimonios de las personas que los rodean se pone al servicio del personaje y de la situacion que a este le va a tocar enfrentar, aunque a veces el personaje se hace tan real y tan fuerte que incluso decide por si mismo el camino que quiere tomar y la manera en la que quiere aparecer en la historia y le tira a uno todos los planes preparados por tierra.

      Espero no aburrirte, me encanta tenerte en el blog como lectora y comentarista, la verdad que es un lujo.

      gracias otra vez.

      un abrazo grande.

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  2. Tremendo. Me ha costado un poco por la "particularidad" de las palabras "étnicas" y coloquiales y trasladas con tu texto a un lugar de esos de corrala española donde todos saben la vida del otro pero todos intentan ocultara. Como diría aquel... Me hice un quilombo (no sé si pega la palabra :-))a pero no me ha dejado indiferente.
    Un beso enorme y me alegra mucho verte :-)

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    1. Si, querida Maga. Se hace necesario un glosario para la comprension de las historias. de lo cpontrario esto se hace una selva habanera. La verdad es que tenia pensado adjuntar un glosario al final del texto y por razones de tiempo, ando bien escaso, lo olvide. Ya me pongo a ello.

      Como siempre te digo, agradecido y mucho por tan buena compania.

      abrazo grande y un beso.

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  3. La intensidad del amor no entiende de papeles o jerarquías. Me ha encantado leerte, amigo Jonh... y siempre hay vecinas tras las mirillas o las persianas... toda historia tiene su espectador.


    Mil besitos para tu noche... y bienvenido de nuevo.

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    1. Que felicidad saber que todavia tienes ese empeno por visitarme, hermosa Aurora. De Mirticas esta lleno el mundo, la verdad es que yo llevo una vida tan ocupada que ni tiempo tengo de saber o interesarme que hace dentro de sus dominios mi vecino.

      Infinitamente agradecido por tu lectura.

      Te mando un par de besos.

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  4. Este relato presenta la misma organización. Dos historias que en este caso se lindan con "En ese tramo andaban mis recuerdos". La primera, me ha entusiasmado. Una escena, la de la cama, que se escapa de cualquier lugar común. Impactante, una escena erótica, sexual, pero a la vez tierna, de esas en las que te enamoras del personaje. Cuando Ernesto le dice a Juan que apunte hacia otro lado no vaya a salpicarlos es algo sublime.
    Y haces que adoremos a Fifi para luego hacernos llorar con Juan en la segunda parte, en la que abordas la pérdida, el vacío insufrible que nos deja quien ya se fue para siempre. El olor de la cama, del armario... La bomba final del aborto. Relaciones extremas, humanas y profundas.
    Te he leído que al fin me vas a hacer caso y te has planteado reunir a toda esta tropa en una novela. Un excelente noticia.
    Un fuerte abrazo!

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    1. David!!!!!!!! Me alegran mucho tus visitas, sobre todo por que se lo liado que estas con la revista semanal y el concurso, la verdad, vas a tener que patentar la formula a ver si el resto de bloggeros somos capaces de seguirte el ritmo, man. Imparable que estas.

      s'i, te estas refiriendo a la salida de ese flasback que hace el personaje, Juan. Me gusta mucho ese modo de narrar, el flashback, el raconto, para contar, la verdad es que no soy de historias que transcurran de un modo lineal aunque cada autor narra, pues mira, del modo qiue le es mas comodo para su voz. A mi sin duda es el mio, jugar con los saltos temporales, aunque te confieso que aun le voy cogiendo el tranquillo. Ni mucho menos tengo aun controlada esta tecnica. Pienso que dominarla es cuestion de practica y de tiempo, poprque en la literatura el tiempo cuenta, eso lo sabes tu mejor que yo que comenzaste un poco antes y que ya puedes ir mirando hacia atras, en plan flashback, como el prota de mi relato, y estar feliz de todo lo andado.

      Si. ando dando forma a lo que, segun usted, jajajaja, podria ser mi primera novela. Tremendo lo que hay que currar para tirar esto para adelante, bueno, a ti que te voy a contar.por ultimo te saco de dudas, si, vivi en la Habana hasta los veinte anos, luego me vine a vivir a Europa y nunca mas he regresado a vivir como en el pasado. A tantos anos ya de vivir fuera habian muchas palabras que ni por asomo me venioan a la mente. Que no es problema porque para eso esta toda esa fauna caribe que se hace patente en el relato para citarme como se suele decir esto o aquello, para mi es importante respetar el argot y toda esa habanidad que yo he ido perdiendo en mi periplo migratorio por Europa.

      Espero no rajarme a mitad de camino y poder llevar le novela a buen termino, aunque como ya he dicho a un amigo en la entrada pasada, en caso de no llegar a puerto como novela, es valido como entrenamiento diario.

      Abrazo gigante, y gracias por el apoyo y la constancia con esta casa.

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  5. Es de noche
    casi de madrugada
    te vine a ver si te habias ido pero seguís
    felicitaciones
    unabrazo

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    1. Hola, Recomenzar.

      En realidad estuve fuera un tiempo corto. Hemos vuelto, si, pero no con el rigor antiguo, en eso ando, en el intento de subirme como dios manda a la bestia literaria. Gracias por tus palabras.

      Un abrazo.

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  6. +Jonh Madison Compa, nadie como tú para poner toda la carne en el asador y dotar un texto de esa rabiosa cubanía. Una excelente historia, chamaco.
    Abrazos. y todo el aché.

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    1. Ovidio!!!!!!

      lo bueno de las historias no es en si l;o buenas que puedan llegar a ser, sino encontrar a traves de ellas a los buenos amigos que uno va haciendo mientras hace a su vez la ruta literaria.

      Un monton de gracias por llegar y por tan calido comentario viniendo de alguien que compoarte conmigo el amor por Cuba y sus origenes.
      Abrazo grande para toda la familia.

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  7. Buen relato..el amor es como es..un saludo desde Murcia.

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    1. Bienbenido/a, alp, espero te sientas bien esta casa y que no pierdas el camino.

      Gracias por la lectura y comentarios.

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  8. Me reí de lo lindo, Jonh, te lo juro al ritmo de ese regresámelo todo, eso sí, discrepo en algo y me muero por decírtelo, el movimiento pélvico no es patrimonio exclusivo cubano, jajaja, que conste en acta que por el resto del planeta también sabemos darle ;)
    Después te pones melancólico con ese agarre que se te da la mar de bien, lo que sí te diría es que me dibujes un poco más a esos secundarios que pueblan la pecera, por el bien de la novela en ciernes que andas bosquejando... por lo demás, un placer leerte, compañero, como siempre :)
    Besos

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  9. Hola Eva.

    Perdona la tardanza en responder el comentario. Oído, filóloga del alma. Ya estoy en ello. Aunque me consideres desobediente (un poquito soy, la verdad, pero no con una mujer a la que admiro tanto) ya ando en medio de esos deberes que me dejas.

    Supongo que existirán muchas latitudes en las que la gente se dedique a la práctica de los giros pelvicos, no lo pongo en duda. Es digamos un tópico. No es cierto que todos los gitanos saben cantar como Camarón de la Isla ni que todos los cubanos sepan bailar salsa...

    Gracias por la visita, hermosa.

    Un beso largo que llegue hasta Galicia.

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