Follow by Email

martes, 10 de abril de 2018

Sandunga a la borincana.


"Según la física cuántica se puede abolir el pasado o, peor todavía, cambiarlo. No me interesa eliminar y mucho menos cambiar mi pasado. Lo que necesito es una máquina del tiempo para vivirlo de nuevo".

Guillermo Cabrera Infante.








—No tienes ni idea del problemón que me puedes buscar con la policía metiendo aquí en mi casa a ese muchacho, Estefania?

—¡Ay, que problema de qué, Ernesto!

—Todo el mundo en este barrio sabe que ando con hombres. Juan es menor de edad y eso en cualquier país del mundo se llama corrupción. Ni te imaginas la de años de cárcel que me pueden caer si a las Mirticas les da por regar el chisme de que yo ando sodomizando a ese niño.

En realidad solo una de las dos solteronas que viven justo en frente de la casa de Ernesto Lomba se llama Mirtha. Lomba las bautizó a ambas como “Las Mirticas”, a lo Velázquez, para no andar diferenciando cada dos por tres entre Anabel y Mirtha, las presidentas del CDR. El caso es que ellas, Las Mirticas, se tiraban toda la mañana espiando a través de las persianas de la sala de su casa la de Ernesto. En cuanto a aquella palabrita extraña: “SODOMIZANDO”, palabra que según Ernesto iban a regar por toda la cuadra las breteras de Las Mirticas como si la información fuera un pack de serpentinas cuyo único fin era acabar su corta existencia derrochado a lo largo de la calzada en un carnavalezco día, yo no tenía de ella ni la menor noticia por que yo vivía y había nacido en Buenavista, humilde barrio en el que se hablan otros dialectos mas obreros y no en Miramar como el burgues de Ernesto, criado al lado mismitico de todos los hijos de los embajadores y ministros de la Habana.

Recuerdo perfectamente cuando de niño exclamé en la cocina de la casa de mi abuela materna Alejandra: ¡esta casa esta hecha un bayú!, refiriéndome el desorden general. Mi abuela me abofeteó de un modo tan exagerado que me partió el labio y mi abuelo, Pepe, le dijo que era del todo imposible que yo supiera el significado de la palabra bayú: prostíbulo, burdel, casa o local donde se ejerce la prostitución. Evidentemente, mi abuelo estaba en posesión de la verdad. Con ocho años aún no sentía la afición que a día de hoy sufro por los burdeles y sus gatas. Desde aquella bofetada evito el uso de palabras de extraña etimología, a menos que yo ande implicado con en ellas. Dentro de ellas, quiero decir. Y en este caso yo andaba ahí dentro y bien según Ernesto Lomba y según el posible brete que en el futuro podrían echar a rodar por todo el barrio y sus inmediaciones Las Mirticas. Razón por la que me mandé a buscarla esa misma tarde, en cuanto oí que Lomba arrancaba afuera en la calle la moto y yo me asomé por la persiana del cuarto y lo vi partir, raudo, en uno de los diccionarios que Ernesto "el raudo" guardaba en las estanterías. Los babalawos visitamos poco  las iglesias gracias a ese empeño que poseyó a Los Castro por erradicar la palabra de dios de nuestras vidas. Todos los nacidos a partir del 1959, año en el que triunfo la revolución, conocemos la obra de Jesús de rebote porque hasta a Jesús de Nazaret expulsaron los Castro de su nuevo paraíso.

Así que fue allí, en el cuarto del supuesto sodomita de mí en potencia, según las Mirticas, que Sodoma (sí, es cierto que lo que Ernesto dijo fue: sodomizando, pero primero yo encontré a Sodoma) se refería a una ciudad que, según el Antiguo Testamento,  fue destruida junto a Gomorra y que también formó parte de la Pentápolis bíblica. Ahora, qué carajo quería decir Pentápolis y que tenía que ver esa ciudad, Sodoma, y sus ciudadanos conmigo y con Ernesto, según Las Mirticas, me enteré muchísimas horas más tarde. Luego de dormir aquellas fiebres que me tenían la vista nublada. En tal caso ni idea tenía yo —acuartelado en la habitación de ese mismo Ernesto que andaba “cocoreao” por los daños colaterales que podría sufrir su culito rubio de Apolo dentro del penal si a Las Mirticas les daba por dar rienda suelta a la fertilidad de sus lenguas— de la ubicación histórica y oficial de Sodoma. Publicaciones había como para organizar la Feria del Libro. Ernesto es un tipo muy culto. Lo que no encontré en toda la casa fue un maldito mapa, vaya.

—Pues, no te creas, Ernesto. Juan no es tan niño como aparenta. No sé donde se lo habrán enseñado, pero sabe singar como los hombres.

Eso no era noticia. Aunque sí lo era la fascinación que emanaba de la voz de aquella mujer a la que yo había bautizado como Fifí.

—Que te la sepa meter no implica que sea un hombre. Para ser un hombre de verdad se necesitan otras cualidades. Singar bien solo es la un acto animal que uno aprende a desarrollar con la práctica (práctica tenía yo pa' llevar y traer: con las italianas, las francesas, las rusas, cualquiera que fuera capaz de pagar por pasarse toda la noche singando). Si lo que tú estás buscando es un hombre para que yo no salga para la noche a desahogarme, yo esa basura no la quiero. Larga a ese niño de mi casa, Estefania. Lo que yo necesito es un hombre y eso... ya lo busco yo por ahí.

—Te sorprendería saber lo hombre que es. Tiene quince años pero trapichea por todo el vedado la Habana como un hombre. A Juan lo conocen hasta los perros, Ernesto. Y habla flojito que está con fiebre y lo vas a despertar.

Despierto estaba yo desde hacía rato. Si ninguno de los dos se había dado cuenta era solo porque la bronca, a medias, se desarrollaba en el corredor; casi en la puerta, pero no en la puerta mismita ni tampoco en medio o adentro de la estancia en la que yo dormía fFingía dormir).

—Si tiene fiebre que se vaya para la casa de su mamá o que regrese para la ENA, que es donde tendría que estar a estas horas cumpliendo con sus clases de danza o de ballet.

En qué clase podría andar yo en el horario de la mañana bien lo sabía él por su segundo empleo como profesor de acrobacia en la Escuela Nacional de Circo en el horario, también, de la mañana.

—¡Ay, Ernesto, no me digas que no te gusta que tú eres enfermo a los mulatos. Mira que cosita más linda. Si ni siquiera parece ser hijo de un negro, coño!

Ernesto calló, cómo en esos bodorrios en los que el cura dice: «hablen ahora o mejor se me callan y no me andan jodiendo el casamiento», quizás sea esto último lo que la gente comprende de la totalidad del mensaje, porque todos callan ante la pregunta igual que Ernesto. Nadie tiene el valor de tirarse para adelante en desafío al cura y a la familia de la novia, a Estefanía, en este caso.

—Pues yo dudo que “eso” aguante el peso mío, Estefania.

Duda lógica. Ernesto es, debido a su profesión de acróbata circense, como un vikingo, por lo rubio y lo hermoso no, por lo fortalecido. Hasta el mismo Ragnar Lodbrok se pondría cardíaco si se viera en un cuarto a solas con un Ernesto encabillao’ y bien dispuesto a dar candela y wüayaqueo.

No. No me fui para mi casa como quería Ernesto. Llamé por teléfono a Lyn, mi mujer y le dije que tenía un ensayo y que me era más cómodo dormir en el internado debido a lo tarde que acabaríamos.
Cuando entró la noche la fiebre se me puso en cuarenta. Fifí me hizo un té con hojas de naranja y miel, me dio una aspirina y luego me bañó en la bañera con agua tibia. Ni en sueños iba yo a malograrme el  cuerpo con aquella agua fría con la que pretendía el esbirro de Ernesto que me bañara. No sé cómo se las arregló "el esbirro" para conseguir el pollo que me dieron por cena. Solo sé que dijo, «Estefanía, no dejes que Juan se tape con la colcha para que no le vuelva a subir la fiebre, que ahora vengo» y que al rato vino con el pollo y con una bolsa de naranjas para que Fifí me hiciera un jugo.

Bueno, yo ya no era un “eso” cosa que me alegró muchísimo. “Eso” representaba en el imaginario de Ernesto Lomba lo mismo que un homúnculo que corría el peligro de romperse si él lo rozaba siquiera con esos ojos bellos de mamao’, sino yo: Juan Martínez, el hijoeputa que veinte años más tarde le iba dar por el culo y bien. Algo que ninguno de los dos imaginó aquella primera noche en la que, los tres, compartimos cuarto. Allí mismito y en todo el careto verde olivo de Las Mirticas de Velázquez.

No sé qué hora sería, lo que sí sé es que cuando desperté todavía era noche cerrada y en el radio estaba sintonizada la emisora nocturno con Raúl Torres cantando “Regrésamelo todo”. La pieza, apenas iluminada gracias a que el tendido eléctrico habanero es insuficiente, andaba llena de esos suspiros ricos que emite Fifi cuando anda templando con propiedad. Ella estaba en medio de Ernesto y mío, y Ernesto, el esbirro, no la andaba torturando ni nada, sino que le daba sandunga a la borincana y sin misterio pegado a su espalda, sincronizados ambos y sumidos en ese movimiento circular de la parcela pélvica. Los miré descaradamente y Fifí dijo, con toda la normalidad del mundo: «ven, pipo» y yo le hice caso y me arrimé y ella me besó mientras se la seguía metiendo así por detrás, despacito.

Confieso que fuí objeto de un flipe tremendo al presenciar cómo aquel hombre que tiene en realidad un aparato genital desigual con respecto al mío, yo estoy circuncidado a lo musulmán y mi mandarria es bien normalita respecto de la suya, gozaba y hacía gozar a Estefanía. Tuve que masturbarme. No sé si "el sodomita, "el esbirro" me miró. Precisamente, yo no estaba por la labor de preocuparme de si me rascabucheaba (fijo que lo hacía) a calzón bajado y, además, yo ya andaba muy puesto  para lo mío que cerré los ojos mientras me pajeaba al compás de Raúl Torres en el radio hablando de una flecha de cuarzo que él le había robado a un ángel y posteriormente clavado a no sé quién o a qué, o eso creo. Yo andaba ya ciego, pero no sordo, porque bien claritico que oí cuando ese hombre, Raúl Torres no, Ernesto, dijo a Estefania: «te la voy dar toda mami, (la leche)», y ahí sí que desee estar clavado o clavando mi flecha de cuarzo, o de la materia que se le antojara a Raúl Torres, muy en la Fifí profunda, pero Guillermo (esbirro) Tell, supuesto sodomita de mí, ya me había tomado la delantera y no me quedó otro remedio que seguir adelante single yo sumbándomela arrodillado en la cama mientras Raúl Torres seguía comiendo mierda con aquella canción tan diversa que hablaba de crucifijos azules; de muñecos de lana, de enanos y de bosques. Y de repente de un lobo solitario y de unos orgasmos como el que estaba teniendo el afortunado esbirro, el supuesto sodomita, denso, o así lo adjetivó Raúl Torres en su canción, que en lo absoluto cazaba con unas manzanas. Quizás Raúl estaba en verdad hambriento cuando escribió aquel tema y de ahí las manzanas. Las mismas que los aliados, los hados padrinos de los Castro, los soviéticos, por hoy los rusos, intercambiaban con nosotros por azúcar refinada. Incluso el maricón de Peter Pan que no quiso crecer nunca quizás por miedo a Wendy, aparecía en la composición musical de Raúl Torres mientras yo seguía a lo mío con los ojos apretados. Solo los abrí cuando oí decir a Ernesto:

«Psssss, niño..., oye, mijo. Échese para allá que me va a salpicar con “esa vaina”».

Refiriéndose a mi pene a mi discreta pirotecnia de esperma.

En ese tramo andaban mis recuerdos mientras incineraban el cuerpo de Fifí. «Puta vida»; dije a Ernesto, abrazados los dos.





Cuando vuelvas, 
amorcito del recuerdo
amorcito de mi vida,
dueña de mi corazón....




Todo el rato que duró el trayecto de regreso del crematorio a la casa de Lomba fuimos oyendo en el carro ese bolero, “Cuando Vuelvas”, en la voz de la Burke, que es la que en verdad le da el rollo fatal. Un tema musical que en otro momento me hubiera dejado indiferente, pero no en la despedida de Fifí. Mi amorcito no iba a volver. Estaba muerta. Convertida en polvo y guardada para nuestro horror dentro de una maldita urna que Giubi llevaba sobre sus piernas en el asiento de detrás muy calladito el pobre, al lado de Bobby. Nada podíamos hacer Lomba y yo para remediar su vuelta o lo hechos polvo que nos quedamos todos luego de aquella muerte.


Llegamos a "La pecera". Giubi y Bobby dijeron de hacer café para todos mientras que Olguita y yo, más yo que Olguita, buscamos por toda la cocina un trago imposible que jamás llegó a mí porque en aquella casa no se ha bebido nunca, ni se bebe. Siempre me gustó beber, fumar, ponerme... Lomba nunca ha consumido ninguna de esas sustancias extrañas que alteran la conciencia.

Imposible me era deambular la enormidad de aquel acuario acristalado sin que las lágrimas me castigaran. La pecera es dimensionalmente oceánica sin Estefanía, siempre descalza y con aquellos floridos batines, no sé si chinos o japoneses, que ella acostumbraba a usar para taparse lo poco que aquellas extrañas baticas tapaban, porque a la que se agachaba o semi inclinaba en un simple gesto mostraba a los leones, Ernesto y yo, la merienda.

Estefanía es, sin duda, la mujer que más he querido de todas las mujeres de mi vida. No, aquí no me estoy refiriendo a mis hijas. Fifí no tenía problemas para diferenciar mi amor de padre, el amor de marido o el de amante ya que tenía claro que ese último amor era el que le correspondía. Me aprovechaba al máximo. Bronquear, estar depresiva o cosas similares pues nunca. Fifí vino a esta dimensión desposeída de ese egoísmo ciego que caracteriza a la mayoría de los amantes.

La quería tanto que quise tener valor para matarme una vez fui consciente del vacío que dejan los muertos. Pero yo vine para ver como se me iba desmontando el ajedrez, pieza a pieza, no para desmontárselo a los míos. Sí.Yo la quería porque se lo ganó, la verdad sea dicha. Soy un tipo libre para las pasiones y a ella no le gustaban las cárceles en cuestiones de amor. Tampoco a Ernesto. Quizá fuera esa la razón por la que nuestro menage a trois gozó de éxito. La monogamia es el invento ideal para condenar al amor al fracaso.

De la cocina me fui al cuarto de Lomba y de Fifí, en la primera planta, y me tendí en la cama que aún guardaba el olor de ella, y también el de Ernesto. No, no es literatura banal. Es cierto que las camas huelen siempre a sus dueños. Me quedé allí mirando como Vicenza y mi compadre, Oscarito, embalaban en cajas lo que había de Fifí en el baño. Del baño regresaron al cuarto. Giubi entró y me dejó el café en la mesilla y le preguntó a Oscarito si iban a necesitar más cajas vacías porque en el garaje quedaban más y Oscarito le dijo: «subelas todas». Si una cama es capaz de guardar el olor de sus dueños , imaginen ustedes un armario. Cuando Vincenza lo abrió para desalojarlo, todo el olor de Fifí se me vino para encima, que no era el de Fifí sino el olor de Flower, by Kenzo, el perfume que ella siempre llevaba y que había acabado por desterrar de su piel su olor natural. Entonces me senté de golpe en la cama y le dije a Vicenza:

—Deja eso ahí.

—Contra más rápido saquemos las cosas de Estefania de la casa, Ernesto se hará más rápido a la idea que ella no va a volver.

Sacar a Estefania de la vida de Ernesto Lomba es tan difícil como encontrar en los próximos meses un planeta que pueda acogernos cuando la tierra se vaya a la mierda.

—Me da igual lo que pienses. Nadie va a borrar a Fifí de este cuarto, volví a tenderme y a estirarme boca arriba, “yo he sido su hombre aquí, —dije al techo— en esta misma cama. Algunas noches lo hacíamos hasta desfallecer. Entonces yo era tan joven que podía singar así sin más, hasta que ya no me quedaran fuerzas ni para metérsela. Lo cierto es que fue con esa mujer con quien me hice de verdad un hombre. En esta cama supe que ella tenía cáncer de pulmón. Lloré toda la noche por ella, por Ernesto y por mí. Lloré hasta que me quedé dormido con aquella mujer que era la mujer mía, aunque no exista en mi poder papel o anillo que demuestre esa verdad —dije sentado otra vez y mirando a mi compadre Oscarito, congelado frente a mí y recostado al ropero— Oscarito, haz el favor y dile a tu mujerque se vaya, dale. Con el resto de la casa pueden decidir lo que diga Ernesto.

—Tú no eres quién para decidir qué hacer con las cosas de Estefania, Juan. —dijo Oscarito, al fin y al cabo es el hermano de Ernesto y el cuñado de la difunta e igual que su mujer, Vincensa, consideraban que el amante de la difunta ocupa siempre el último lugar en el escalafón de mando.

—Si tu hermano no se me hubiera metido en medio yo tuviera hoy algo de Fifí. Fue él quien decidió aquel aborto.

—¿Pero que está diciendo, Oscar? —preguntó Vicenza a su marido tal y como si yo estuviera senil o me hubiera tomado todos esos tragos que el cuerpo me pedía incesante y que no encontré en la cocina.

—Qué Lomba convenció a Fifí para que abortara, eso digo. Íbamos a tener ese bebé. Fifí estaba muy ilusionada, pero a tu cuñado no le dio la real gana.

—Yo no decidí nada. Fue ella. —me aclaró Lomba entrando en el cuarto con las cajas que Oscarito le había mandado subir a Giubi, y que seguramente Giubi no subió por no ser testigo del discurso que yo lanzaba al techo a puro llanto. Porque si alguno hay en esa tribu que lleva cabalgando junto conmigo desde los doce años, es Giubi.

—A mí nadie me dijo que Fifí iba a abortar —le solté. Nunca habíamos tratado aquel tema. Fifí quiso que lo dejara correr.

—Ya tenías un hijo. No sé para que te hacía falta otro.

Me soltó Ernesto.

—No te atrevas a mencionar a mi hijo, Ernesto Lomba.


Abandoné la cama y de paso el cuarto.

—Hice lo mejor para los tres. Tú eras un niño  y no pintabas nada ¿Me oíste? Gritó Ernesto hecho una furia a mis espaldas, escaleras abajo.

Pensé en partirle la cara, pero no pude. Ya por entonces estaba metidisimo, como un camión en un bache, con aquel hombre al que oía llora sentado al pie de las escaleras.













16 comentarios:

  1. Qué gusto verte por aquí de nuevo, Jonh. Parece que las musas son nuestras aliadas, las de los lectores, para no dejarte desaparecer de este mundillo. Por mí está genial :)

    Tu historia, como siempre, me deja llena de emociones que no sé muy bien expresar ni analizar. Los personajes son tan reales, tan maravillosamente sinceros en lo que hacen, pero sobre todo en lo que sienten, que conmueven. Y todo lo cuentan (lo cuentas) sin tapujos, con el alma en carne viva. Una no puede dejar de sentirse hipnotizada con la historia, con el vocabulario, con el contexto, con la forma de narrar... Lo dicho, es un gustazo leerte :))

    ¡Un fuerte abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias inmensas por estar conmigo, Julia C. Ahi vamos, intentando relatar lo mejor posible, creo que fue a E va Loureiro a quien dije que lo que hago es ficcion partiendo de trozos de mi realidad. Toda esta fauna existe, Giubi, Bobby, Olguita... Algunos llevan identidades ficticias para no molestar su intimidad y otros como aparecen tal cual se llaman en la realidad. sobre esos personajes y ciertos hechos uno construye entonces una ficcion, pero siempre sustentada en la realidad. debe de ser por eso que notas que el texto es muy real, aunque deja que te diga que aun haciendo ficcion el escritor ha de esmerarse a fondo en dar veracidad a su texto. La mayoria de los que hacen ficcion creen que ellos no aparecen en el texto, pues bien, no es del todo cierto dado que todas las experiencias del escritor, las propias y esas tantas que su memoria guarda y que son testimonios de las personas que los rodean se pone al servicio del personaje y de la situacion que a este le va a tocar enfrentar, aunque a veces el personaje se hace tan real y tan fuerte que incluso decide por si mismo el camino que quiere tomar y la manera en la que quiere aparecer en la historia y le tira a uno todos los planes preparados por tierra.

      Espero no aburrirte, me encanta tenerte en el blog como lectora y comentarista, la verdad que es un lujo.

      gracias otra vez.

      un abrazo grande.

      Eliminar
  2. Tremendo. Me ha costado un poco por la "particularidad" de las palabras "étnicas" y coloquiales y trasladas con tu texto a un lugar de esos de corrala española donde todos saben la vida del otro pero todos intentan ocultara. Como diría aquel... Me hice un quilombo (no sé si pega la palabra :-))a pero no me ha dejado indiferente.
    Un beso enorme y me alegra mucho verte :-)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si, querida Maga. Se hace necesario un glosario para la comprension de las historias. de lo cpontrario esto se hace una selva habanera. La verdad es que tenia pensado adjuntar un glosario al final del texto y por razones de tiempo, ando bien escaso, lo olvide. Ya me pongo a ello.

      Como siempre te digo, agradecido y mucho por tan buena compania.

      abrazo grande y un beso.

      Eliminar
  3. La intensidad del amor no entiende de papeles o jerarquías. Me ha encantado leerte, amigo Jonh... y siempre hay vecinas tras las mirillas o las persianas... toda historia tiene su espectador.


    Mil besitos para tu noche... y bienvenido de nuevo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Que felicidad saber que todavia tienes ese empeno por visitarme, hermosa Aurora. De Mirticas esta lleno el mundo, la verdad es que yo llevo una vida tan ocupada que ni tiempo tengo de saber o interesarme que hace dentro de sus dominios mi vecino.

      Infinitamente agradecido por tu lectura.

      Te mando un par de besos.

      Eliminar
  4. Este relato presenta la misma organización. Dos historias que en este caso se lindan con "En ese tramo andaban mis recuerdos". La primera, me ha entusiasmado. Una escena, la de la cama, que se escapa de cualquier lugar común. Impactante, una escena erótica, sexual, pero a la vez tierna, de esas en las que te enamoras del personaje. Cuando Ernesto le dice a Juan que apunte hacia otro lado no vaya a salpicarlos es algo sublime.
    Y haces que adoremos a Fifi para luego hacernos llorar con Juan en la segunda parte, en la que abordas la pérdida, el vacío insufrible que nos deja quien ya se fue para siempre. El olor de la cama, del armario... La bomba final del aborto. Relaciones extremas, humanas y profundas.
    Te he leído que al fin me vas a hacer caso y te has planteado reunir a toda esta tropa en una novela. Un excelente noticia.
    Un fuerte abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. David!!!!!!!! Me alegran mucho tus visitas, sobre todo por que se lo liado que estas con la revista semanal y el concurso, la verdad, vas a tener que patentar la formula a ver si el resto de bloggeros somos capaces de seguirte el ritmo, man. Imparable que estas.

      s'i, te estas refiriendo a la salida de ese flasback que hace el personaje, Juan. Me gusta mucho ese modo de narrar, el flashback, el raconto, para contar, la verdad es que no soy de historias que transcurran de un modo lineal aunque cada autor narra, pues mira, del modo qiue le es mas comodo para su voz. A mi sin duda es el mio, jugar con los saltos temporales, aunque te confieso que aun le voy cogiendo el tranquillo. Ni mucho menos tengo aun controlada esta tecnica. Pienso que dominarla es cuestion de practica y de tiempo, poprque en la literatura el tiempo cuenta, eso lo sabes tu mejor que yo que comenzaste un poco antes y que ya puedes ir mirando hacia atras, en plan flashback, como el prota de mi relato, y estar feliz de todo lo andado.

      Si. ando dando forma a lo que, segun usted, jajajaja, podria ser mi primera novela. Tremendo lo que hay que currar para tirar esto para adelante, bueno, a ti que te voy a contar.por ultimo te saco de dudas, si, vivi en la Habana hasta los veinte anos, luego me vine a vivir a Europa y nunca mas he regresado a vivir como en el pasado. A tantos anos ya de vivir fuera habian muchas palabras que ni por asomo me venioan a la mente. Que no es problema porque para eso esta toda esa fauna caribe que se hace patente en el relato para citarme como se suele decir esto o aquello, para mi es importante respetar el argot y toda esa habanidad que yo he ido perdiendo en mi periplo migratorio por Europa.

      Espero no rajarme a mitad de camino y poder llevar le novela a buen termino, aunque como ya he dicho a un amigo en la entrada pasada, en caso de no llegar a puerto como novela, es valido como entrenamiento diario.

      Abrazo gigante, y gracias por el apoyo y la constancia con esta casa.

      Eliminar
  5. Es de noche
    casi de madrugada
    te vine a ver si te habias ido pero seguís
    felicitaciones
    unabrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Recomenzar.

      En realidad estuve fuera un tiempo corto. Hemos vuelto, si, pero no con el rigor antiguo, en eso ando, en el intento de subirme como dios manda a la bestia literaria. Gracias por tus palabras.

      Un abrazo.

      Eliminar
  6. +Jonh Madison Compa, nadie como tú para poner toda la carne en el asador y dotar un texto de esa rabiosa cubanía. Una excelente historia, chamaco.
    Abrazos. y todo el aché.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ovidio!!!!!!

      lo bueno de las historias no es en si l;o buenas que puedan llegar a ser, sino encontrar a traves de ellas a los buenos amigos que uno va haciendo mientras hace a su vez la ruta literaria.

      Un monton de gracias por llegar y por tan calido comentario viniendo de alguien que compoarte conmigo el amor por Cuba y sus origenes.
      Abrazo grande para toda la familia.

      Eliminar
  7. Buen relato..el amor es como es..un saludo desde Murcia.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bienbenido/a, alp, espero te sientas bien esta casa y que no pierdas el camino.

      Gracias por la lectura y comentarios.

      Eliminar
  8. Me reí de lo lindo, Jonh, te lo juro al ritmo de ese regresámelo todo, eso sí, discrepo en algo y me muero por decírtelo, el movimiento pélvico no es patrimonio exclusivo cubano, jajaja, que conste en acta que por el resto del planeta también sabemos darle ;)
    Después te pones melancólico con ese agarre que se te da la mar de bien, lo que sí te diría es que me dibujes un poco más a esos secundarios que pueblan la pecera, por el bien de la novela en ciernes que andas bosquejando... por lo demás, un placer leerte, compañero, como siempre :)
    Besos

    ResponderEliminar
  9. Hola Eva.

    Perdona la tardanza en responder el comentario. Oído, filóloga del alma. Ya estoy en ello. Aunque me consideres desobediente (un poquito soy, la verdad, pero no con una mujer a la que admiro tanto) ya ando en medio de esos deberes que me dejas.

    Supongo que existirán muchas latitudes en las que la gente se dedique a la práctica de los giros pelvicos, no lo pongo en duda. Es digamos un tópico. No es cierto que todos los gitanos saben cantar como Camarón de la Isla ni que todos los cubanos sepan bailar salsa...

    Gracias por la visita, hermosa.

    Un beso largo que llegue hasta Galicia.

    ResponderEliminar