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jueves, 6 de diciembre de 2018

Vengo del oeste, soy un Cowboy....








Todo el mundo se fija siempre en Bill Gates, en cómo lo hizo y en qué clase de patrón usó para sacar adelante sus movidas revolucionarias.

Créanme cuando digo que admiro muchísimo a Bill, pero para héroes los míos, peña. Cierto que mirarse en su espejo está de puta madre y que Bill fue un creador muy magnífico y todo lo a que ustedes y al mundo se les antoje elogiar, justificadamente, claro está, pero les mentiría si dijera que Bill tiene algo que ver con mi manera de pensar, mi trascendencia e ideología. Creo, fundamentalmente, que los libros se eligen de la misma manera en la que decidimos hacernos fan de tal o cual artista: por sintonía emocional.

Cuando encontramos a un autor que nos pone de verdad las pilas es, definitivamente, nuestro autor, y quien dice autor dice cantante, diseñador... .

A veces uno encuentra en el ídolo lo que le falta para tirar para delante en "x" momento de la vida o simplemente ve que el cantante o el escritor tiene un modo de vida o de crear que nos recuerda a..., o estructura y modela a sus personajes con todo lo malo habido y por haber  o con lo bueno y lo positivo que vive dentro de nosotros.

En tal caso les confirmo que si en alguien uno se fija es en el cantante DellaFuente, un tipo de abajo que hasta hace nada tenía que hacer veinte mil maromas para llevar dinero para su casa.

Yo también hice, literalmente, de todo o casi, para llegar hasta aquí. No trafiqué con María como DellaFuente ni nada de eso. Me tocó, bajo mi punto de vista,  algo peor  y cuando digo peor (no, no me arrepiento en lo absoluto de mi pasado) digo que hasta vendí mi cuerpo para llenar mi mesa Les aseguro de corazón que follar por dinero no es tan agradable como el personal piensa.

De la primera vez que me tocó ese asunto recordaré hasta que me muera el perfume de la tipa: Chanel n° 5. Se llamaba Victoria y era Italiana. La Viki tenía los ojos verdes aunque les juro por la salud de mis tres hijas que yo ni los miré con los ojos que siempre miro a las pibas que gastan miradas de esa guisa mientras singabamos.

Victoria, la vikinga, me llevó primero a cenar tal y como se alimenta a un púgil antes de subirlo al cuadrilátero o como a un cerdo al que se engorda con el único fin de darle muerte a cuchillo para el banquete navideño. Entramos en el cuarto y fuimos directo para la ducha y a partir de ahí fue un no parar.

Me dio buen uso la muy puta, porque según ella para eso pagó, así que me tire toda la noche sin dormir. Qué ímpetu tenía la señora. Fue, les confieso, con diferencia la noche más larga de mi vida y las mas perra. No supe lo que significaba sentirse sucio hasta que llegue a mi casa y le dejé a mi mujer en la mesilla los 150 $ que me gane con el oficio de mi buena polla.

Recuerdo que cuando salí del camarote (la movida fue en un yate amarrado en el puerto deportivo “Marina Hemingway, donde mi colega era el patrón) le dije: Celso, no se te ocurra mandarme  a llamar para estas cosas never de never. Pero hubieron muchas noches de esas, claro, para Celso y para este servidor.

Sea uno un hombre, una mujer o un perro verde, vender la carne te hace sentir peor que un majá atravesando una selva llena de barro. Mi mamá dice que tengo un problema, un tú a tú digamos conmigo mismo y que para soltar amarras y tirar mar adentro tengo que perdonarme todas las barbaridades que yo considero son barbaridades de mi pasado y ahí ando, aprendiendo a aceptarme para poder soltar amarras, así que  como dijera la salsera cubana Tania Pantoja:


¡ESE SOY YO!


Dicen las lenguas vipe-larias que es imposible que un escritor joven pueda contar algo de peso que en verdad interese y deslumbre a los lectores. Siento reflejar mi más sincero  acuerdo con dicho planteamiento haciendo antes la salvedad de algunos casos de madures literaria (Charles Baidelaire).

Mayoritariamente, la experiencia se impone contra todo pronóstico. Si uno toma como referencia la primera novela del escritor colombiano Gabriel García Marquez (Gabo) publicada en 1955,  "La hojarasca" y " El amor en los tiempos del cólera" publicada en el año 1985, se dará cuenta que hay una diferencia abismal, treinta años, en cuanto al banco de datos memorial se refiere y esto favorece, sin duda, al buen hacer del escritor y por ende a la conexión con los lectores.

Hablamos acerca de la voz de la experiencia  y en experiencias tengo la memoria tan plena de sucesos que podría contar una novela por año y dejar a la peña con la baba caída, lo que no tengo es ni tiempo ni plan de vuelo y a eso en literatura equivale a ser un:

¡ PROCASTINADOOOOOOOR!!!!!!!!!

(“Po' zi", la puta de oro que me parió, perdóname mamá).

¿Qué hubiera sido del cantante DellaFuente si hubiera hecho caso de los que afirmaban que no llegaría ni a la esquina de su calle cantando?

Como soy su acérrimo seguidor les informo que DellaFuente hace a día de hoy lo que su corazón manda y factura a través de ese impulso emocional lo que la peña no puede siquiera soñar.

Por ese motivo, el de facturar no, ese es el de DellaFuente, por el mío que es hacer en mi casa (ésta) lo que me salga de mis bendecidos cataplines, aviso a los navegantes que visiten el tatuaje que, actualmente, voy en modo avión, o sea: escribo lo que quiero y como quiero y, ciertamente, me la suda la crítica y sus criticones, aunque esto ya lo he dejado claro en más de una ocasión. Eso no significa que no me considere un aprendiz y que no muestre respeto hacia el oficio.

La palabra va, igual que el hombre y la civilización que lo envuelve, mutando. Los escritores no dejaremos nunca de ser aprendices. El mundo se transforma y somos nosotros los encargados de dejar constancia de dichas mutaciones, llámese transformaciones o como diantres quiera el lector.

¡TODO ESTÁ EN LOS LIBROS!


Pues eso. Lo que a usted le ha pasado; un divorcio, un desamor, un enamoramiento mal apañado, un viaje maravilloso en familia, la muerte repentina de un familiar… le ha pasado también a alguien en un lugar distinto o igual al suyo en el mundo. A los hombres nos ocurren las mismas cosas solo que cada uno tiene una manera distinta de procesarlo. Los escritores somos ese otro alguien que ficcionamos tomando como eje la realidad absoluta.

Cuando alguien me pregunta si escribo sobre mi o si hago ficción siempre respondo que escribo sobre mi emocionalidad y que hago ficción con trozos de verdad y viceversa, da igual si para llevar a buen puerto la empresa uno se hace llamar DellaFuente, Juan o Amansio, el tipo de marra de las camisetas. Lo que en verdad ocupa en este caso es conectar y que sirva de algo para el receptor, porque de sobra afirmo que al emisor ya le sirve (cada cual sabrá para qué le sirve escribir según su experiencia vital y nivel de consciencia).

Decididamente, y según la escritora Morgana de Palacios, fundadora del taller literario sin ánimo de lucro Ultraversal donde servidor ha recibido formación, primero espiritual y segundo literaria:

“UNO ES QUIEN ESCRIBE”.

SI usted es escritor y está perdido o quiere dedicarse a ello y no encuentra el camino, le sugiero solicitar la entrada al foro madre del taller Ultraversal. En mi opinión, es el único lugar en la tierra (digo en y no sobre) donde, realmente, va a encontrar el camino hacia si mismo, que es al fin y al cabo de lo que vamos los que de verdad somos escritores.

¿Qué beneficios tiene hincar los codos en literatura?

Sencillo:

Mientras no sepas para qué sirve y como se usa cada herramienta, recurso o tips, serás esclavo de tus letras. La carta de libertad solo se obtiene cuando, realmente, se tiene el dominio de las artes escritas. Teniendo en cuenta lo dicho el autor puede crear su estilo propio partiendo de los existentes y hacer lo que hace DellaFuente:


¡LO QUE LE SALE DE SUS SANTAS PELOTAS!!!!!!!


Sí, igualmente que me ocurrió con mi bisexualidad, he tardado lo mío en aceptar que soy y he sido siempre un escritor... o como bien dice mi ídolo, un Cowboy:

“Vengo del oeste 
como un cowboy 
encima del caballo 
como un cowboy
en la mano la soga 
como un cowboy 
cartel de se busca, cowboy 
cowboy cowboy 

Estoy con los vaqueros 
como un cowboy
botas con espuelas 
soy un cowboy 
vengo del oeste, cowboy
Cowboy, cowboy”.


Gracias, Emperatriz, por mantenerme en la brecha y por tener entre tus manos mi corazón mi hígado y mi palabra. 

MODDUKUÉ, cariño. 

Que Olofin  bendiga ese instante en el que tu ORÍ se cruzó con el mío.

Gracias por no soltar mi mano.


Un montón de besitos, mi guerrera HELENÍSIMA.





5 comentarios:

  1. Un gustazo volver a leerte, amigo Jonh. Tú escribe como quieras que para eso es tu casa y no dudes en darnos consejos de los tuyos. Siempre sabios.

    Mil besitos que te abracen y feliz día.

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  2. Jonh, estimado
    Me ha gustado este trabajo —al que ya le darás alguna vuelta de tuerca con la ortografía, cuando te canten las... juassss—, que sabe a declaración de principios.
    Hace tiempo que no leía nada en donde se lo nombre a Baudelaire. Para mi gusto, sin embargo, quien se lleva ha logrado poner el listón por todo lo alto ha sido Arthur Rimbaud, que decidió acabar —no comenzar— su carrera literaria a los 19 años.

    Sin meter en juego las variables "talento" y "técnica", en el arte de escribir entran en juego, como bien marcás la 1. la experiencia, por supuesto, pero también 2. lo que uno conoce al menos de oídas, y 3. la imaginación. La buena combinación de experiencia, conocimientos e imaginación lo hacen todo. De los tres, obviamente, tienen más peso la imaginación, al menos en lo normal.

    Un abrazo, capitán.

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  3. p.d. Revisa la configuración de tu blog para poder suscribirse, no está funcionando. Abrazo.

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  4. He disfrutado de esta lectura. Muy sorprendente. Tú lo eres. Muy enigmático. Yo siempre he creído que todo lo que escribimos es autobiográfico (no sé si me explico). Gracias por este buen rato. Un abrazo desde la Galicia profunda de mi cama (estoy resfriada, intentando pasar la tarde).

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  5. Buenas, John. Vienes fuerte con material nuevo, desde luego la experiencia es un caudal inagotable, pero hay que encontrar la propia voz. Creo que tienes las dos cosas, aprovecha esa estrella.
    Un abrazo.

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