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viernes, 3 de noviembre de 2017

Un Tritón en Borneos.





La noche es el mejor regalo que el universo le ha entregado  al hombre. Si usted tiene problemas, vaya a la cama, cierre los ojos y deje sus angustias e imposibles en manos de la noche. No piense, duerma, y deje que la noche se encargue del resto.

No sé si este consejo forma parte de la guía de trucos para vivir mejor que Jodorowsky suele vender a sus seguidores, lo que si sé es que a mí me funciona, y es, exactamente, lo que hago cuando estoy en apuros: entrar en fase REM. De esta manera he sido Marco Polo, Draco, el Sombrerero loco de Alica (la Alicia de ese maravilloso país que ustedes bien conocen), Ulises... Ulises treinta y uno no, les hablo de Odiseo, el Ulises auténtico.

Bueno, yo me dedico a la literatura, de modo que cuando vuelvo de esos viajes astrales lo hago con la certeza de contar con un archivo rico en imágenes listas para desarrollar ¿Usted? Pues a saber. Ya les he dicho antes que no soy Jodorowsky, ni me dedico a interpretar los sueños. Lo que cada uno cree mientras duerme es su responsabilidad, y su problema.

Muy bien, pasemos a otra cosa. Porque no quiero rajar más de Jodorowsky. Eso es publicidad y eso se paga y, precisamente, Jodorowsky no va entrarle de a pleno a mis asuntos: eso se paga antes de que uno se tienda en el diván de Jodorowski; así que si no les importa ya le doy yo matraca a mi nuevo problema: el mar, el escenario donde transcurre mi sueño.

Y en esta proyección, cuántica desdoblada de esos mis tantos yo, soy un tritón tirado al abandono en una playa. Da igual la ubicación del paraíso, lo cierto es que yo, un tremendo ejemplar de tritón neptuniano, espero a esa mujer de pan y de jengibre que me acompaña siempre en mis movidas con Morfeo, como también es cierto que ese gigante mitológico de fondos misteriosos en el que yo me he convertido reconoce, sabe, mientras deja que el sol castigue su modelado torso a puro Gym y a dietas, y malogre su kiki de *"Pitingo" con sus rayos molestos, que el océano nunca jamás traiciona.

El mar devuelve siempre los deseos: las quimeras de amor, los besos imposibles; los trajines de cama del pasado y hasta los más violentos y sórdidos encuentros cuerpo a cuerpo que tendrán su lugar en el futuro. Siempre que los deseos se proyecten al agua desde el alma.

En consecuencia a esa verdad universal, pido al  mar un destello, una llovizna, un rayo..., lo que sea que me hable de ti y él, generoso, te trae a mí a bordo de un catamarán. Y entras de lleno en mi campo de visión y  rompes esa línea, a esta hora de la tarde desdibujada ya en el horizonte, casi ausente, que parte en dos los mundos, el marino y el místico, a una velocidad de treinta nudos en dirección a mí.

Desde la arena grito tu nombre en clave, el verdadero, el que solo los Argos y las criaturas que habitan en los fondos de la *"Pequeña y Grande Sirte"guardan en su memoria: el sonido vernáculo del nombre de la mujer de Adán (la segunda).

Desembarcas vestida con aquella versión de carne  amaderada que dios te hizo llevar en el edén. Todos los artilugios y detalles que aparecen en la escena que cuento son de mi pertenencia, como también lo son el mar, los pájaros, los peces que se acercan tímidos a la orilla, Dios no. Dios no es de nadie, y a él le pido que traigas solamente un complemento para acompañar tu lookc,



tres o cuatro flores acordonando la isla irresistiblemente deliciosa, rebelde, de tu inquieto tobillo.

Pa' qué quiere uno más, ya dios, que es en realidad quién dirige la empresa sentenció: irás desnudas.

Así que, AMÉN.

Y tus manos que saben del milagro de generar la vida en cualquier tierra, le ofrendan a mi cala un grupo de palmeras, y los dos nos tumbamos presurosos, muy juntos, bajo su sombra, esa sombra delgada, debilucha, que brindan las palmeras caribeñas, mientras me pones los dientes bien re-largos al confesar que aún me escribes poemas, cada noche, con la tinta invisible que solo puede leer tu corazón, porque el loco de dios se olvidó de dejarte un cuaderno y  bolígrafos para matar las horas en tu isla desierta.

Y oigo cómo me llama, tu voz de siempre-niña, hombre hermoso: hermoso y capitán y protomacho. Y yo me pongo loco de contento, eufórico, suelto y sin vacunar como el ganado, aunque no se me nota porque no tengo en este sueño mis dos piernas que hacen propicia la acción de esa tercera pierna que en armas se levanta si una mujer lo llama hermoso y protomacho. Algo normal en todas las especies, menos en los tritones.

No sé que rayos estaría haciendo Zeus en el momento en punto de mi alumbramiento, supongo que una labor muy entretenida, (ganchillo no, seguro) para no darse cuenta que ese tercer punto de apollo tan viril brillaba por su ausencia en el vástago de su querido hermano Poseidón y su cuñada Anfítrite.

—Lo siento, pero ahí lo que hay es una cola. Nada más. —te digo con pesar.

Y entonces llega la pregunta del millón:

—¿Para qué necesitas una cola de Tritón? Es más útil un trípode.

—Bueno, puedes sacarle brillo a las escamas con una balleta y usarla como espejo —digo, para salir del paso.

Como si no supiera ella que a nadie más que a mí, el protomacho, le ofende la putada de la cola.

Es la primera vez desde que soy Tritón que una mujer me llama protomacho. Protomacho y a boca llena: hermoso. En otro afer marino, otra mujer, quizás con una igual, una sirena, yo habría respondido a su floreta aludiendo que todos los tritones, los neptunos y el resto de la peña mitológica, son siempre hermosos.

¿Cómo si no íbamos a ser?

Pero es ese otro "hermoso" al que ella hace referencia: sos realmente hermoso, capitán, hermoso el corazón y hermosa la palabra, bogando en su saliva,"hermoso..., hermoso y mágico", con el lento vaivén que derraman las barcas cuidadosas que entienden de naufragios, temorosa su voz de que la barca hecha con los sonidos de mi nombre en clave, el verdadero, ambos sabemos que jamás fui presidente de ninguna nación, más que de la República Independiente de Mi Cuarto, acabe por hacerse pedazos al encontrarse de súbito ante los arrecifes claros de sus dientes, y finalmente: sos tan hermoso John, John con la "h" donde te dé la gana, pero voz no sos real (en argentino claro), aunque sos mágico, tan mágico como la misma magia.

Es ese carrusel que va pitando por su feria: hermoso-mágico-irreal, lo que me hace desear ser bípedo. Con gusto pactaría con el primer Mefisto de mi pueblo, si él pudiera dotarme con un buen par de piernas.

Mi alma por dos piernas.

Las necesito para reconocer que este sueño no va de mi regreso al mar:  no se ha marchado este Tritón y continúa, frente al mar, tatuando rosas de Borneos sobre su vientre de Eva, que nunca fue de Adán.












Glosario.

*Pitingo: presumido en calò.

*Pequeña Sirte: en las costas del norte de África existen dos bajíos muy famosos, la Sirte Mayor, en el golfo de Sidra, Libia, y la Sirte Menor en el golfo de Gabes, Tunicia. Se trata de zonas de poca profundidad, muy peligrosas para la navegación.

9 comentarios:

  1. Y qué bonito es huir soñando, en brazos de Morfeo o en alas de Pegaso... Me has hecho reír, disfrutar, escuchar... ver las escenas tal y como las ibas relatando... y sí, amigo John, con la h donde te dé la gana... me has hecho soñar despierta.

    Mil besitos y enhorabuena por tu relato.

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    1. Me alegro que el toque de humor de mi relato haya surtido efecto. Es importante reír
      Según dicen uno se mantiene más joven, no solo por fuera. también el corazón.

      Qué nadie te robe nunca los sueños.

      Mil gracias por la lectura Aurora.

      Un abrazo.

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  2. Ay, capitán bellísimo de los mares del alma.
    Mi tormenta perfecta de los mares del miedo.
    Mi hombre “azul marino” de boca insoslayable.
    Mi remero absoluto.
    Mi pasión.
    Mi regreso.

    Mi vocación de vela, de pájaro de agua,
    de tortuga galápago, de Moby Dick que canta,
    se resume a tu nombre de capitán del día,
    de protomacho heroico que abre cofres de viento
    y libera las rosas que encallaron de ausencia.

    Mi Draco silencioso, mi Simbad timonero,
    mi saxofón barítono de animal de la luna,

    solamente abrazame con tu mundo impetuoso,
    huracanando magia
    espantando la muerte.

    Y yo diré te quiero como si fuera virgen.

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    1. No llames a los truenos, mi Yalodde
      de miel, mi domadora de los miedos.
      Mi amor desde el comienzo de la aurora,
      mi Pandora, mi Rosa de Borneos.

      Mi Penelope loca, es tan difícil
      vivir sin tu madeja en mis silencios.

      Qué vacíos quedaron nuestros barcos
      con tu marcha Yalodde. Mi imperio
      fue el imperio del susto. Solo sé
      ser tu marino loco, tu remero,
      tu Draco por los siglos de los siglos.
      El tritón que te espera en su Borneos.

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  3. ¿Te acordás?

    https://youtu.be/qenGMo5VbHQ

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    1. ¿Crees que pueda olvidarme, Eva Lucía? No era una broma. Yo hablaba muy en serio.

      ¿Vale?

      Ya te lo dije: mantengo mis palabras hasta que dios me lleve por delante.

      Un beso.

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  4. Si es que por muy tritón que se sea, nada atenta más al protomacho que cuestionarle por su cola, je, je, je... Bueno, un texto hermoso en la forma, narrado con tu estilo personal, con esa voz propia de quien sabe lo que es escribir. Y, por supuesto, con ese punto de comedia que saca una sonrisa. ¡Ay, de los sueños con mar y sirenas! Un abrazo

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  5. Hola David.

    Pues aquí estamos, creando cositas para que mi niña, que está más arriba abriendo los comentarios, (Eva Lucía) tenga algo a lo que echarle mano para leer por la noche. Bueno, tú te quedarías embobado con sus cuentos, sus poemas... En realidad estas cosas, que es el estilo en el que me desenvuelvo mejor en narrativa pese a no ser narrador, es una deuda pendiente con ella. Me queda mucho para ponerme a su altura, creo que varias vidas, pero ahí está mi corazón, que es de lo que se trata. Jamás habría llegado hasta aquí si no hubiera sido por ella. Por su confianza en mí, y sobre todo: su amor.

    Te agradezco la visita.

    Abrazos.

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  6. muy interesante los giros que le das a tus escritos de casualidad navegando te encontre.Y si bien yo escribo corto este largo me ha gustado saludos desde Miami

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