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sábado, 17 de febrero de 2018

El imperio de Octavia.





"Yo soy un pececito
que no guarda secretos.
Un pececito claro
que sólo escribe versos
para un Tritón acústico
que medita en Borneo,
sin resolver papeles
y revolviendo espejos,
rodeado de sirenas
que cantan en su lecho".







Te extraño tanto, Octavia,
ni te imaginas, cielo.

Tendrás que desearme
con esta unción de fuego,
que entero me arrebata
como un tornado enfermo
para entender mis ganas
de transmutarme en hielo;
una escultura helada
que no padezca el eco
de esta hambre tan brava,
perra como el infierno,
montaraz que me vuelve
un amante esperpéntico.

A ratos, cara Octavia,
quiero tornarme invierno
para no hacerte daño,
no desvelarte a un tiempo
mis cerrojos, mi mundo
de Pandora, mis tientos
de Lovecraft que envían
tu canción a un convento
y alejan de mi puerta
tu boca de desierto.

De veras, regia Octavia;
solo pienso en ser hielo
y que algún escultor
piadoso de un certero
golpe de gracia rompa
en pedazos mi cuerpo.

Maldita sea la gracia,
lejana Octavia, tengo
que exigir a mis dioses
romanos ser de hielo.


*****


Ya quisieran las sílfides, Octavia,
que las amara como a ti te amo.

Yo te traje a vivir aquí, a mi pecho.
En las noches te llevo yo del brazo,
a visitar los nidos de corales
que cultivo en mi templo de verano.

Y tú me llamas Juan, no Marco Antonio
y un triunvirato acústico de astros
me fulmina de dicha por entero
y me vuelvo tan hombre en tu reinado
que de mi mismo, Octavia, siento miedo;
miedo de la pasión de este hombre bárbaro.

Ya quisieran las sílfides, Octavia,
que yo las quiera como a ti te amo.



*************










Ya fui el marido niño de una china
y el amante truan de una Danesa.
Soy el marido cruel de cierta inglesa
a quien saqué del fondo de su ruina.

Ya he sido por desgracia tantos Juanes
que temo me dispares del cabreo
que provoca en tu paz de jubileo
la fiebre de mi sexo y sus desmanes.

Nunca pedí quererte, pero vino
no sé cuándo ni cómo ni en qué parte
de mi cuarto y mi noche tu estandarte
de bailarina cósmica a mi signo,

y perdí los papeles por tu boca
por tus siete puñales, por tu loca
costumbre de cantar la vida en verso.

Estoy loco por ti, loco de veras,
porque el cielo cantóme que tú eras
esa Octavia de Luz que tuve un día:
un planeta de Luz, la Luz María
que orbita mi galaxia de silencio.

Y me domino, a ratos me domino
en ejercicio exacto de cordura
por no correr al norte de tu hondura:
Ayúdame señor, no sirve el vino.

No me sirve quemar Alejandría
ni apelar al concepto de la hombría
para aguantar incólume estas ganas
de correr a Argentina. Ay, qué ganas
de amar a esa mujer, zunzún glorioso
que trina solitario en su alta rama
para el bárbaro triste que la llama
su primera mujer: Eva y Lucía.











9 comentarios:

  1. Me gusta tu voz de poeta, suena como cuando te pones sentimental en tus relatos... y se agradece que tu poema esté plagado de referencias externas e internas a tu mundo poético. Sí, John, un placer leerte.
    Besos y namasté

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    1. Filóloga, que alegría me da tu gran compaña. Diría un amigo escritor gigante y muy especial: porque todos los monstruos somos, en el fondo románticos. (Gavrí Akhenazi) Será eso.

      Abrazo y namasté.

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  2. Parecía estar leyendo un poema épico en pleno siglo XXI... me has emocionado, amigo jonh.

    Mil besitos para tu tarde.

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    1. Octavia la menor, casada en segundas nupcias con Marco Antonio, fue una emperatriz muy venerada y en la cual me he inspirado para cantar a esa otra Octavia épica también. Al mismo tiempo, mi relación con Octavia la real es en sí muy épica. Ella es una mujer clásica en poética, porque es poeta, a ella le debo lo que hoy sé, esta soltura, que puede o no gustar a mis lectores. Pero ese soy.

      Yo decidí escribir en serio cuando supe que Octavia real (la menor es la mujer de Marco Antonio) había hecho un pacto con la muerte.

      Entonces decidí que le daría a Octavia toda la poesía o literatura que estuviera a mi alcance para hacerla olvidar, mientras ella leía, que la muerte salía cada noche a pelear por llevársela.

      Hay claves dentro del poema que son de Octavia y mías. Hablo de la Luz Maria. Luz Maria fue mi primera ficción para Octavia donde yo hacia un cameo de mí mismo y Luz María era ella. Ahí yo todavía no sabía narrar pero le entregaba dentro de la ficción trozos de mí realidad.

      Nunca cerré esa historia, es deuda.

      Abrazo, Aurora.

      Te extrañé en ese receso breve que hiciste. Fui al blog varias veces.

      Me alegra tu vuela.

      Besos.

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  3. Qué triste amar y desear a alguien incluso a pesar de uno mismo, aunque si ese sentimiento puede expresarse de una forma tan hermosa, ya merece la pena.
    Un placer enredarse en tus versos y dejarse llevar, John :)
    ¡Un abrazo!

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  4. El placer es mío, Julia C. Mi eterno agradecimiento por llegar hasta este rincón perdido en el inmenso vientre de Google.

    Gracias.

    Abrazo.

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  5. te leo son las tres de la madrugada
    me gusta leerte a veces
    ya que quedé prendada de tu nombre en el blog

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    1. Gracias por leer, Recomenzar. No se si te refieres al nombre del blog. Supongo que sí.

      Gracias. Un abrazo.

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  6. Son las 2 y 18 cuando leo tus versos y me llama Morfeo.
    Namaste poeta de arras épico y moderno, purista y ...
    Hay tantos Juanes, tantas jardines y tantos perros, pero amaste dices, queda con eso hermoso que ya triunfaste en tu empeño solo con escribir esos versos. Adios niño!! Adelante y enhorabuena. Marijose que eligió libremente dejar estas redes, salvo a veces leeros. Pero ya no. Ayer despedí a las letras y hoy despido a los lectores, que en la vida real hay mucho para leer. Besos Querido amigo.

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