Yo estuve allí,
con mi prenda a los vientos
cantando sobre el paso de mis guías
con mis tatuajes patrios dando palo,
con mis culebras vivas dando palo,
con mi ganga de muertos levantado:
Francisco siete rayos, dando palo.
Yo estuve allí,
con mi libertador tambor de ekué
cantando amaneceres de esperanza
a mi lucero congo en amoríos.
Yo estuve allí,
bajo mi siguaraya y con mi ceiba
gozando en el bembé con mis hermanos
pidiendo eternidad
para mi espíritu.
*
Y bajaron el féretro,
cuatro hombres
tan altos como palmas,
cuatro vientos callados a mis ruidos,
cuatro ceibas
llorándo tu desarme,
cuatro montes
danzando en la penuria.
Cuatro hacheros
alzando tu legado.
Cuatro muros
de ébano y un niño
amortiguando
el grito de la abuela.
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